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BILBILIS AUGUSTA: CONTEXTO HISTÓRICO |
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Bilbilis era la principal ciudad de la tribu celtíbera de los lusones, que ocupaban el valle medio del Jalón y el Jiloca; esta tribu estaba estrechamente emparentada con los belos y los titos, que eran sus vecinos más cercanos y tenían como ciudad principal Segeda (Mara, Zaragoza), y algo menos emparentada con los arévacos, cuya principal ciudad era Numancia (cerca de Garray, Soria).
Bilbilis escrito en signario ibérico: bi.l.bi.l.i.s
La Bilbilis romana es heredera de una población celtibérica indígena anterior con el mismo nombre; sin embargo, al no hallarse apenas restos celtibéricos bajo las ruinas de la ciudad romana se ha llegado a pensar si realmente la Bilbilis romana está sobre la celtibérica o si hubo una transductio, es decir, un traslado o cambio de lugar de una ciudad a otra (fenómeno atestiguado en otros casos). No obstante, recientes hallazgos de estructuras urbanas fechadas en los siglos II y I a. C. en dicho cerro, bajo la ciudad romana, parecen asegurar que la Bilbilis celtíbera debió de situarse también en el cerro de Bámbola. |
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Signario ibérico
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La situación de Bilbilis era importante porque el paso natural del valle del Ebro a la Meseta; su fértil y amplio territorio y las vías de comunicación favorecieron un desarrollo comercial muy importante, a pesar de depender administrativa de Caesar Augusta, capital de su conventus iuridicus. El primer contacto de Bilbilis con los romanos se produjo en el siglo II a. C., hacia el año 181, cuando Quinto Fulvio condujo un ejército desde el levante mediterráneo a través del valle del Jiloca hasta el corazón de la Celtiberia. Tras un período de luchas entre romanos y celtíberos, con las campañas de Tiberio Sempronio Graco se logró una paz honrosa con la que concluyó la primera Guerra Celtibérica; con esta paz se abrió un período de prosperidad para las ciudades celtibéricas. Del papel de Bilbilis en la guerra de los romanos contra los belos segedenses no se sabe nada. No obstante, dada la vecindad y los acontecimientos históricos, se deduce que Bilbilis prestaría ayuda a los segedenses o, cuando menos, no les puso reparos en su huida hacia el territorio arévaco y a Numancia. Con todo, desde el punto de vista bélico, Bilbilis parece que permaneció neutral en esta guerra y lo que es seguro es que tras esta batalla y la posterior de Numancia ni los belos ni los lusones fueron un peligro ni una amenaza para los romanos. De hecho, los lusones, incluidos los bilbilitanos, llevaron a cabo una política de acercamiento a Roma, manteniéndose fieles dentro de los términos de una legitimidad romana. |
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Monedas celtibéricas de Bilbilis con el jinete celtibérico y el nombre de la ciudad en signario celtibérico, procedente de uno de los paneles del Museo de Calatayud. (Foto: Roberto Lérida Lafarga 16/03/2008)
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Durante las guerras civiles romanas la ciudad será conquistada por Quinto Sertorio en el año 77 a. C., si bien poco después fue reconquistada por Quinto Cecilio Metelo. En la siguiente guerra civil romana, dado que una parte de los nuevos ciudadanos no celtibéricos establecidos en Bilbilis eran itálicos, ofrecieron su apoyo al bando de César, lo que quedaría demostrado por el hecho de que la ciudad tomó el sobrenombre de Itálica: Bilbilis Itálica. Con Augusto Bilbilis recibió la denominación y el status de municipium y cambió su apelativo por el de Augusta: Bilbilis Augusta; muy probablemente este hecho se produjo como premio por su fidelidad a bando cesariano, así como por el hecho de ser una ciudad de derecho romano con colonos itálicos. Con todo, quedó inscrita dentro de la circunscripción administrativa del conventus iuridicus Caesaraugustanus. La presencia de los romanos en Hispania y en el valle del Ebro es la responsable de nuestra cultura y forma de vida, en suma, de aspectos tan básicos como la lengua, la organización administrativa, las ciudades, los caminos y los puentes, el derecho, los regadíos, los catastros, etc. Dentro de este proceso que es la romanización y dentro del conjunto de asentamientos romanos Bilbilis fue un centro urbano menor, pero imprescindible para el tejido administrativo y urbanístico que los romanos llevaron a cabo en el valle del Ebro junto a ciudades como Osca (Huesca) y Turiaso (Tarazona). |
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Bilbilis fue un centro comarcal con una rica vida política, administrativa, económica y social, especialmente desde la época de Augusto. Bilbilis Augusta fue un municipium muy representativo por su antigüedad e historia, por alcanzar en poco tiempo considerables transformaciones urbanas y sufrir un desarrollo excesivo para su capacidad de desarrollo económico. En época romana, concretamente, a partir de Augusto, sufrió una profunda y ambiciosa modificación estructural convirtiéndose en ejemplo de núcleo provinciano y en fiel exponente de la mentalidad administrativa romana. Lógicamente, este nuevo plan de reforma urbana respondió a los esquemas que se aplicaron a lo largo de todo el imperio romano en la misma época, adaptados a las peculiaridades del emplazamiento. Así, el período de esplendor de la ciudad de Bilbilis coincidió con la dinastía Julio-Claudia en el siglo I d. C., sobre todo, con el emperador Tiberio, cuando se culminaron proyectos como las termas, los ninfeos y fontanas; también se finalizó el foro. De este período se han descubierto productos manufacturados a lo largo de todo el imperio: vajillas de Italia y Galia, vidrios, lucernas, mármoles de Chemtou (Túnez), de Teos y Afyon (Turquía), de Luni-Carrara (Italia), de Quíos (Grecia), etc., al tiempo que se explotaron canteras cercanas para proporcionar la gran cantidad de piedra necesaria para los grandes edificios públicos de Bilbilis. Este auge coincidió con el desarrollo económico de la zona y con el esfuerzo económico inicial de la ciudad, en gran parte gracias al evergetismo –generosidad y mecenazgo- de las elites y de los magistrados de la ciudad. |
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La extensión del ius Latii, -derecho latino-, a todos los hispanos por la siguiente dinastía, la Flavio, y el período de paz que se inauguró tras el turbulento año 68-69 con los cuatro emperadores supusieron una nueva etapa en las ciudades de Hispania y un segundo momento de esplendor de Bilbilis con gran actividad comercial y económica hasta un auge en época de los emperadores antoninianos. Con Trajano se acometieron nuevas e importantes obras en el foro, en las termas, que son ampliadas, en muchas domus, que son reformadas. Con todo, durante este siglo II d. C. Bilbilis mantiene una cierta actividad económica, pero hay menos importaciones de materiales y la ciudad ya no crece, ya no se construyen nuevos edificios, lo que significa claramente que, aunque sí hubo un intento de revitalización y recuperación de las ciudades decaídas, sin embargo, no se logró reactivar su economía ni supuso un nuevo auge urbanístico, sino que se profundizó y se ahondó en las causas que habían llevado al primer período de crisis hasta tal punto que el declive ya resultó insalvable y fue permanente a partir de mediados del siglo II d. C. Será a partir del siglo III d. C. cuando ya sea inevitable e imparable el paulatino y definitivo declinar de Bilbilis; se ha llegado a decir que a finales el siglo III d. C. la ciudad ya estaba casi completamente abandonada y sus habitantes habían emigrado, bien a villas y explotaciones agropecuarias de la zona, bien a la capital del conventus iuridicus, Caesar Augusta. Lo que es seguro es que a partir de este siglo todos los aspectos de la ciudad se resienten y la austeridad se va imponiendo en todos los ámbitos; así va disminuyendo la actividad comercial y económica, dejan de construirse y repararse los edificios, las termas se convierten en almacenes y viviendas, las cisternas se colmatan y caen en desuso, el teatro deja de usarse y su estructura es compartimentada para nuevos usos, algunas calles y vías empiezan a ser intransitables. Aún así no está muerta la ciudad, sino que sólo languidece; pierde importancia como núcleo habitado y sus habitantes pierden calidad de vida. Lógicamente todo esto conllevó que amplios sectores de la ciudad se abandonasen –las casas del cerro de Bámbola-y se reagrupasen en otra parte de la ciudad –en el cerro de Santa Bárbara, cerca de los edificios monumentales-; en esta reubicación, gran parte de la población se trasladó a villas rurales, explotaciones agropecuarias más seguras, más pobladas y con trabajo seguro. A finales del siglo IV Bilbilis, como Turiaso, debía de ser una ciudad semidesértica, de acuerdo con la información que transmiten Paulino de Nola y Ausonio en su correspondencia; hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII parece que todavía un núcleo residual de población se mantuvo en Bilbilis, pero la construcción del Qal’at Ayyud, es decir, el castillo de Ayud, núcleo originario de la actual población y localización de Calatayud, supuso el abandono casi definitivo de Bilbilis, así como un terreno propicio para la rapiña de material de construcción. |
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El conjunto urbanístico por ahora excavado en Bilbilis ofrece como grandes estructuras y edificios un foro y un teatro, que se completaba con unas termas públicas, un templo de orden jónico, viviendas señoriales y más modestas, un nymphaeum –una fuente decorativa pública-, así como una importante red de cisternas y canalizaciones para su sistema de abastecimiento y distribución de agua en la ciudad. En este sentido conviene decir que, hasta ahora, Bilbilis, que cuenta con más de 60 cisternas descubiertas –probablemente haya más-, es la ciudad del imperio romano que más cisternas tuvo en proporción y en relación con su tamaño, lo cual no debe extrañarnos, por cuanto la ciudad se encuentra en una colina y el río pasa por debajo de la misma, de manera que no podía abastecerse del agua de este, al tiempo que la orografía de la zona hizo bastante inviable la construcción de un acueducto para el abastecimiento de agua a la ciudad. Por ello, las cisternas para almacenar el agua de lluvia y de los torrentes fueron el mejor método de almacenamiento y abastecimiento del preciado líquido. Por último, la ciudad de Bilbilis estaba rodeada de una muralla con torres cuadradas y lienzos en línea quebrada adaptados al terreno; estos muros fueron construidos con sillares de tamaño irregular con piedra de la zona; dada la época de construcción y las características del emplazamiento de Bilbilis, sus murallas tenían un valor más propagandístico que meramente defensivo. |
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Uno de los problemas constructivos que planteaba Bilbilis era la orografía; las colinas y sus laderas no eran, a priori, un lugar muy adecuado para edificar una ciudad. Sin embargo, gracias a los conocimientos de los ingenieros y arquitectos romanos se solventó pragmáticamente este problema. Las construcciones privadas y públicas se soportan sobre terrazas que escalonan el terreno. Las comunicaciones y las vías públicas se resolvieron mediante calles empinadas, escalinatas o rampas allí donde era necesario. En este sentido, Bilbilis no se ordenó como las típicas ciudades romanas a partir de una retícula de calles perpendiculares y paralelas a dos ejes principales (el cardo –de norte a sur- y el decumanus –de este a oeste-), sino que muestra una estructura y planificación pintoresca y abigarrada. No obstante, en la ciudad están presentes todos los elementos de una ciudad romana: espacios hábilmente distribuidos, servicios como el abastecimiento de aguas y cloacas, murallas, plazas públicas, fuentes, edificios públicos y privados. Sin duda, Bilbilis, mezcla de características indígenas –el asentamiento- y romanas –la planificación y el desarrollo urbanístico-, se desarrolló como una urbe que reflejaba el espíritu de unos ciudadanos deseosos de ser romanos. |
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Conviene decir que Bilbilis acuñó moneda propia bajo los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula; una finalidad de estas acuñaciones era dar a conocer, promocionar y ostentar la categoría de este municipium romano, al tiempo que evidenciaba el carácter eminentemente económico del emplazamiento como centro abastecedor de toda esta zona. Las nuevas monedas de la Bilbilis romana, ases y semises, se difundieron por todo el imperio; como características muestran en el reverso la corona cívica o laurea –así llamada porque era una corona hecha con hojas de laurel- con el nombre de magistrados municipales para demostrar su nueva condición de municipium romano y subvencionar el coste de la política edilicia. En el período celtibérico las monedas de Bilbilis se acuñaban con el típico jinete celtibérico; en un período intermedio, cuando la Bilbilis celtibérica recibió población itálica que se asentó allí –soldados eméritos- acuñó monedas con la leyenda Bilbilis Italica. |
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Monedas de Bilbilis de época romana, la de la izquierda con un busto quizás de un emperador y la de la derecha con la laurea. Museo de Calatayud. (Fotos: Roberto Lérida Lafarga 16/03/2008) |
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Fuentes: - MARTÍN BUENO, Manuel y SÁENZ PRECIADO, Juan Carlos: Bilbilis, Calatayud, Zaragoza, 2005 - MARTÍN BUENO, Manuel y MAGALLÓN BOTAYA, M.ª Ángeles: Cuaderno de campo Grupo URBS: Bilbilis y Labitolosa, Zaragoza, 2006 |