EL TRIUNFO

 

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En determinadas circunstancias los generales y emperadores romanos podían celebrar triunfos, es decir, victorias sobre los enemigos.  Para poder celebrar un triunfo debían darse determinadas condiciones: poner fin a una guerra, dar muerte al menos a 50.000 enemigos y ampliar los confines del estado romano.

La ceremonia consistía en la entrada del vencedor en Roma por la puerta triunfal –porta triumphalis-, situada en el Foro Boario, y desfilar hasta el Capitolio; la entrada en Roma no podía ser en cualquier día, sino en uno establecido por ley; hasta entonces, el general debía permanecer fuera de la ciudad.  Sabemos que Julio César renunció a un triunfo militar por no poder esperar fuera de la ciudad, ya que si lo hacía no podía ser candidato a las elecciones de su primer consulado.

El general triunfante entraba en un carro dorado tirado por cuatro caballos blancos rodeado de hijos, familiares y clientes.  Además, iba vestido con la toga picta -el traje romano bordado en oro- y una corona de laurel en la cabeza, mientras un esclavo sostenía una corona dorada sobre su cabeza y le decía al oído hominem te esse memento, “recuerda que eres un hombre”. 

 

Interior del arco de triunfo de Tito donde se observa la procesión con  los botines de guerra obtenidos en la guerra contra los judíos y de la conquista de Jerusalén en el año 71 d. C.  De derecha a izquierda se puede ver un estandarte donde posiblemente iría el nombre del pueblo vencido, el candelabro de siete brazos, símbolo de pueblo judío, las trompetas de plata y la puerta triunfa.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

 

 

 

Después del general desfilaba el botín de guerra, insignias con los nombres de los pueblos vencidos y dibujos de los territorios conquistados, prisioneros ilustres encadenados, muchas veces acompañados de su familia y que eran arrojados a la cárcel Mamertina, junto al Capitolio, lictores en carros con las fasces -haces de varas con un hacha en medio, uno de los actuales símbolos de la Guardia Civil- con laurel y víctimas para ser sacrificadas a Júpiter Capitolino.  El cortejo iba acompañado de los cánticos de los soldados, mezcla de burlas y alabanzas hacia su general triunfante –carmina triumphalia-.

 

 

Todavía un letrero nos anuncia donde se encuentran los restos de la cárcel Mamertina y el Tuliano y algunos de sus huéspedes más ilustres no cristianos.  Entre ellos se leen reyes extranjeros como Yugurta rey de Numidia, Vercingetórix, rey de la Galia y Aristobulo II rey de Judea.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

En época imperial fue un hecho generalizado el que un emperador añadiese a sus títulos el gentilicio del pueblo al que había derrotado en una guerra.

Inscripción del Arco de Septimio Severo.  En la primera línea se lee IMP. CAES. LVCIO SEPTIMIO M. FIL. SEVERO PERTICACI AUG PATRI PATRIAE PARTHICO ARABICO ET, es decir, "[Arco de triunfo dedicado] al Emperador César Lucio Septimio, hijo de Marco, Severo Pertinaz, Augusto, Padre de la Patria, Pártico, Arábigo y ...", donde al nombre del emperador, Lucio Septimio Severo Pertinaz, hijo de Marco, se le añaden los títulos de Emperador, César, Augusto y Padre de la Patria, y dos sobrenombres, Pártico y Arábigo, por sus victorias sobre los partos y los árabes.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

También en esta época fue habitual que los emperadores que obtenían un triunfo erigieran en Roma e incluso en las provincias arcos de triunfo que conmemoraban sus victorias.  En Roma se conservan tres: el de Tito, el de Constantino y el de Septimio Severo.  En Hispania se conservan el de Bará (Tarragona) y el de Medinaceli (Soria).  En Aragón no se conservan, pero sabemos que en Tarraca todavía estaba en pie en el siglo XVII un arco, según recoge Juan Bautista Labaña.

 

Arco de Tito, en el Foro Romano.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

 

Arco de Constantino, junto al Coliseo.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

 

 

 

Arco de Septimio Severo, en el Foro Romano al pie del Capitolio. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

 

Arco de Orange (Francia).   (Foto: Roberto Lérida Lafarga 09/08/2007)

 

 

 

 

 

 

FUENTES:

- GABUCCI, Ada: Roma, Barcelona, 2006