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SEDEISKEN (AZAILA)

 

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Sedeisken: El Cabezo de Alcalá en Azaila (Teruel)

En el paraje de la Dehesa de los Pedreñales, apenas a 1,5 kms de Azaila (Teruel) se encuentra el Cabezo de Alcalá, una loma de 323 m sobre el nivel del mar,  83 m sobre la terraza del río Aguasvivas y 33 m sobre los llanos que rodean parcialmente el Cabezo.  El Cabezo es un gran peñasco de base yesosa que ocupa una posición estratégica divisándose a 30 kms de distancia localidades como Belchite, Lécera e Híjar y antiguos poblados celtíberos como el del Cerro de la Bovina cerca de Vinaceite.

Las excavaciones comenzaron en la última parte el siglo XIX, hacia 1885 por Pablo Gil y Gil y continuaron en la primera mitad del XX por el turolense Juan Cabré Aguiló desde 1919 a 1935 y de 1940 a 1942; sólo en la década de los 60 se retomaron los trabajos gracias a Antonio Beltrán y en 1976 por Miguel Beltrán.  Fruto de todas estas excavaciones arqueológicas hemos llegado al conocimiento de esta ciudad sepultada.

Plano de la ciudad de Sedeisken según J. Cabré, procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel et alii, El Cabezo de Alcalá.  Azaila (Teruel), Zaragoza, 2001.

Sobre este Cabezo, un lugar adecuado y típico del asentamiento de poblados pre-romanos, se encuentra una acrópolis ibérica, un oppidum, cuya excavación arqueológica ha ofrecido ricos restos, no sólo arquitectónicos sino materiales y culturales.  El Cabezo de Alcalá muestra restos de ocupación de tres períodos distintos: una ciudad indoeuropea de la Edad del Bronce y principio de la Edad del Hierro, cuyo cementerio ha llegado hasta nosotros y que se ha datado hacia el siglo IC a. C.; después un oppidum ibérico que llegó hasta el siglo II a. C.; y por último, dicho poblado ibérico en contacto con Roma, pues las élites locales ibéricas adoptaron modos materiales romanos en la arquitectura y en los usos domésticos; no obstante, los habitantes de este último período siguieron siendo ibéricos, según testimonia la epigrafía.

Este poblado tuvo su final como asentamiento habitado en el primer tercio del siglo I a. C., en el contexto de las luchas sertorianas entre los años 80-72 a. C.  El ejército sitiador, perteneciente a las filas de Cneo Pompeyo, levantó una rampa de ataque por el lado sur de la que todavía nos quedan restos.  La rampa fue construida aprovechando el talud natural del terreno con cal y cantos rodados con una dimensión de 75 metros de larga, 26 de ancho y 4 en su altura máxima, con un desnivel de un 0,4% hasta el nivel de la muralla, de manera que con sus arietes pudieron golpear las murallas de la ciudad abriendo un boquete de unos 8 metros por donde entraron en la ciudad.  Por el contrario, los habitantes indígenas y sus posibles apoyos romanos del bando de Sertorio se prepararon para el asedio levantando barricadas en la ciudad y usando al menos una catapulta que instalaron en el templo.  Los vestigios dejan claro que la ciudad fue quemada y arrasada, las casas abandonadas, los objetos más valiosos fueron llevados por sus propietarios (salvo unas monedas que fueron encontradas en una casa olvidadas o perdidas y otras escondidas en un hueco de la pared) o por el ejército sitiador.  La ciudad, sepultada bajo cenizas y arrasada, fue abandonada y nunca más se habitó.

Algunas monedas hacen pensar que esta ciudad sería Sedeisken, que alcanzó gran importancia en el territorio de los sedetanos, pueblo ibérico de los que conocemos otros asentamientos en la zona media del Ebro, como Alaun (actual Alagón), Damaniu, Lakine o Ildukoite.

La acrópolis del Cabezo de Alcalá:

La ciudad cuenta con unos ejes de 500 x 100 m respectivamente y se adapta perfectamente al terreno, al tiempo que la población también se adaptó al entorno del cerro.  La ciudad se organiza entorno a un gran eje de norte a sur, calle principal de la que salen calles menores perpendiculares.  La acrópolis está rodeada de una serie de murallas a distintas alturas a lo largo del cerro; en su lado este, donde la pendiente era bastante suave, la ciudad se protegió con un foso y un puente levadizo.

En el espacio urbano dos grandes torres dominan la acrópolis.  Dentro del poblado se pueden distinguir áreas dedicadas al culto religioso (un templo), áreas dedicadas al ocio (termas al estilo romano), zonas industriales y comerciales (al pie de la muralla en el lado noreste) y zona de viviendas (en el centro de la acrópolis).

 

Restos de las dos torres defensivas en la acrópolis de Sedeisken. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

La necrópolis:

Del poblado de la primera Edad del Hierro se nos ha conservado su cementerio; parece ser que bajo el lado sur de la acrópolis se encuentran bajo los restos del poblado ibérico las casas de este primer asentamiento más primitivo.  En la necrópolis se han contabilizado hasta 90 sepulturas, algunas de las cuales responden a incineraciones, un simple hoyo donde se colocaba una urna funeraria con las cenizas del difunto; estas urnas no se han conservado; no obstante, sí que se han conservados túmulos de piedra con cista cuadrada y empedrado rectangular (algunos de ellos de época ibérica ya) o simples túmulos circulares o meros amontonamientos de piedra; en estos casos, los túmulos sí que han conservado las urnas funerarias de los difuntos.

 

Vista de una parte  de la necrópolis.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Uno de estos túmulos recibe el nombre de gran tumba ibérica, pues se trata de un túmulo de 2,50 m de altura con base cuadrada y una bóveda formada por la aproximación de las hileras de piedra asentadas en seco; una abertura central de acceso a la tumba se sellaba con una gran loseta; al parecer, la tumba albergaba los restos de un militar ibérico con armas y otros restos; este personaje pudo ser aquel que recibía culto en el templo conservado en la acrópolis.  El túmulo está restaurado y consolidado.

 

Tumba de la necrópolis.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Sistemas defensivos:

En el lado oriental del cerro, donde la pendiente era más suave y la defensa natural menor se cavó un gran foso con una profundidad de entre 6 y 7 m y con una anchura de entre 6 y 12 m; el foso ha sido excavado sólo parcialmente.  Para entrar en el poblado había que salvar el foso a través de un puente levadizo que fue restaurado y sustituido por un puente fijo por Juan Cabré; del puente se accedía a la acrópolis a través de dos suaves pendientes.

Vista del puente reconstruido y del foso.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

 

Vista del puente reconstruido y de las murallas al pie del cerro.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Aunque los pobladores indígenas pre-romanos solían elegir para sus asentamientos lugares que ya de por sí contaran con una protección natural –es el caso del Cabezo de Alcalá, rodeado parcialmente por el río Aguasvivas y establecido en lo alto de un cerro bastante escarpado en alguna de sus partes-, no obstante, dotaron a esta acrópolis de un anillo de murallas a distintas alturas para consolidar su defensa.  Las murallas que todavía hoy se conservan se realizaron con mampuestos calizos y cuidadas junturas y se muestran escalonadas y adaptadas al terreno, apoyándose la muralla sobre las paradas de las distintas terrazas; en algún tramo de la muralla se observan escaleras que comunican los distintos niveles de las terrazas.

En la parte más alta de la acrópolis se pueden observar los restos de dos torres defensivas gemelas con base cuadrada que debieron alcanzar al menos los 4 metros de altura y tenían remate de madera (véase la foto arriba).

 

Detalle de uno de los anillos de murallas.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Planificación urbana:

Las calles del oppidum siguen un trazado casi reticular, discurriendo las calles en dirección norte-sur y este-oeste; las calles se adaptan a la pendiente del terreno y permiten la recogida y canalización del agua hasta la cisterna de la zona baja.  Las calles están pavimentadas con losas calizas de gran tamaño y en varias de ellas se pueden observar aceras con hileras de piedra de hasta 60 centímetros de anchura que, entre otras funciones, impedían que el agua entrara en las casas.

Vista de una calle de la acrópolis de Sedeisken con sus aceras.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

 

Vista de una calle principal de la acrópolis de Sedeisken con sus aceras. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

En la zona baja de la acrópolis se encontraba la cisterna que almacenaba agua para el consumo de los habitantes y para el suministro de agua a las termas situadas en la parte baja de la ciudad.  Esta cisterna tiene planta rectangular y un acceso en el lado sur; estaba construida con paredes con grandes sillares de piedra; sus dimensiones parece ser que fueron 2 metros de ancho por 10 de alto por 3,30 de profundidad, por lo que su capacidad llegaba hasta los 500 metros cúbicos; la cubierta de la cisterna y el revestimiento impermeable de su interior se ha perdido.

 

Cisterna actualmente tapada por un árbol y hierbas.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Arquitectura religiosa:

Entre los restos de la ciudad se encuentran los vestigios de un templo in antis, es decir, con un pórtico de cuatro columnas –tetrástilo-, con las columnas centrales exentas y las laterales adosadas a las antas con diámetro inferior a las columnas centrales; el templo seguía los cánones romanos y sus columnas eran de orden toscano; precedida de un vestíbulo –pronaos-, su cella –celda o cámara interior del templo- se levantaba sobre un poyo elevado –podium-.  Su suelo estaba decorados con mosaicos en opus signinum y sus paredes con pinturas murales pertenecientes al llamado primer estilo.  Al parecer en el templo se rendía culto a un personaje anónimo del primer tercio del siglo I a. C. y que se representaba a modo de un héroe conduciendo un caballo y quizás coronado por Victoria; de esta representación, una escultura de bronce, se conservaron huellas en el podium.

Restos del templo: entrada, pronaos y sobre el podium estaría la celda con la estatura del héroe indígena.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

 

Plano del templo, procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel et alii, El Cabezo de Alcalá.  Azaila (Teruel), Zaragoza, 2001.

 Arquitectura civil

Dentro de los edificios civiles destacan algunas construcciones dentro de la ciudad, básicamente de carácter privado, salvo unas termas al uso romano para uso públco.

Casas indígenas: este modelo de viviendas es más abundante y más simple; se organizan en una estancia única precedida de una antecámara o dos estancias asociadas; muy probablemente muchas de ellas tuvieron una altura de dos pisos, alternando con almacenes alargados.

 

Estancia de una casa indígena.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Casas de patio: este modelo de vivienda, constatado en cinco ocasiones aquí, es una adaptación indígena del tipo de casa itálica con un patio interior, como símbolo de prestigio social y evidencia de la adopción del modo de vida romano por parte de las élites indígenas pre-romanas de la ciudad.  Estas casas se localizan en los mejores espacios de la acrópolis; de manera general presentan un patio a cielo abierto enlosado, pero sin impluvium, cisternas o pozos para la recogida de agua; en alguna de ellas se han localizado restos de pinturas murales; en su estructura también se reconoce la existencia de un tablinum –comedor- como estancia central y cubicula –dormitorios- alrededor, así como otros aspectos formales.

 

Planos de casas de tipo itálico según J. Cabré, procedentes de BELTRÁN LLORIS, Miguel et alii, El Cabezo de Alcalá.  Azaila (Teruel), Zaragoza, 2001.

Almacenes y establos: se reconocen por su forma alargada y estrecha con un pequeño poyo de 10 centímetros que recorría toda la estancia y que se utilizaba para apoyar en él las vasijas para la conservación de los alimentos; de estructura semejante, pero con una fila central de apoyos para sostener el tejado de doble vertiente se encuentran estancias identificadas como establos.

 

En el centro se pueden observar dos almacenes con la forma alargada y estrecha.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Panadería: cerca de la entrada a la acrópolis se halla una estancia con un poyo que sustenta un molino giratorio que evidencia la existencia de una panadería, si bien no se han conservado el horno; desde esta estancia, por un estrecho pasillo se accede a una estancia cuadrangular que va a dar a una estancia mayor comunicada a su vez con un almacén con sus correspondiente poyo corrido adosado a la pared; estas estancias estarían dedicadas a la manipulación del trigo y la harina.

 

Molino de cereal en la panadería de Sedeisken.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Calle de los vinicultores: al pie de la acrópolis se encuentra una calle a cuyos lados se encontraron doce estancias alargadas con pequeñas balsas de arcilla en su interior revestidas de yeso que debieron formar un pequeño barrio de productores de vino; en estas estancias se produciría y almacenaría el excedente de vino para su comercio; en algún caso las pequeñas balsas eran dobles y muestran distintas profundidades, lo que se interpreta como que algunas de ellas era donde se pisaba y fermentaba el vino, mientras que en las otras se trasvasaba el contenido a grandes tinajas o ánforas para su almacenamiento.

 

Calle de los viticultores al pie de las murallas y de la acrópolis.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

Las Termas: también al pie de la acrópolis se encuentran los restos de unas termas a los que se accedía desde una escalinata; su situación obedecía al hecho de que la cisterna de la que recibía el agua debía estar en una cota superior para asegura el suministro y la presión de agua necesaria para su funcionamiento; estas termas muestran también los elementos típicos de estos establecimientos: apodyterium, frigidarium, tepidarium y caldarium, así como posibles espacios exteriores dedicados a ejercicios gimnásticos.

 

Restos de las termas.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/06/2008)

 

Plano de las termas según M. Beltrán, procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel et alii, El Cabezo de Alcalá.  Azaila (Teruel), Zaragoza, 2001.

 

 

FUENTES:

- BELTRÁN LLORIS, Miguel et alii, El Cabezo de Alcalá.  Azaila (Teruel), Zaragoza, 2001

- BELTRÁN LLORIS, Miguel, La ciudad antigua del Cabezo de Alcalá  (Azaila), Zaragoza, 2006