LOS  SACERDOCIOS

 

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En época de la Monarquía (753-509 a. C.) el rey era el jefe de la religión nacional romana; no obstante, desde un principio contaba con una serie de sacerdotes que el asistían en las tareas religiosas.

Desde esta época los sacerdotes eran elegidos entre los patricios –familias nobles- y se agrupaban en distintos colegios –agrupación o congregación- de sacerdotes, salvo los Flamines que no formaban colegio sacerdotal.  Los sacerdotes romanos, excepto las Vestales, no estaban sometidos al voto del celibato y gozan de muchos privilegios honoríficos, como no pagar impuestos públicos. 

Los colegios de sacerdotes se organizaban entorno al culto de los dioses de la ciudad (Flamines, Pontifices, Vestales, Salios y Feciales) o entorno al culto de los dioses de la naturaleza (Lupercos y Arvales) o para la predicción del futuro (Augures, Harúspices e intérpretes de los Libros Sibilinos).

 

 

 

Los Flamines eran quince y eran los sacerdotes públicos del pueblo romano, si bien cada uno de ellos esta destinado al servicio de una divinidad: había tres Flamines mayores que estaban consagrados a Júpiter –Flamen dialis-, a Marte –Flamen martialis- y a Quirino –Flamen quirinalis- y doce Flamines menores consagrados a divinidades menores.  El Flamen dialis era el de mayor rango y sustituía al rey en sus labores religiosas cuando estaba ausente; entre sus obligaciones estaba la imposibilidad de realizar ningún tipo de trabajo, la de no montar a caballo y la de no pasar la noche fuera de su residencia; por el contrario, tenía derecho a un lugar en el senado, a tener un lictor a su servicio y a sentarse en silla curul, la propia de los senadores.  A final de la República casi desaparece, pero fue restaurado por Augusto. 

El primer colegio de sacerdotes era el de los Pontifices, en número de tres, cuatro o cinco; reciben su nombre por el puente sagrado de los romanos, el Puente Sublicio; este colegio estaba presidido por el rey y tenía como funciones la vigilancia de las prácticas religiosas, tanto privadas como públicas; también determinaban los deberes del pueblo hacia sus dioses –es el llamado derecho pontifical, escrito en los Libros Pontificales-; y organizar las ceremonias anuales del culto nacional en honor de la Tríada Capitolina.  El Pontifice más importante era el Sumo Pontífice –Pontifex Maximus-, que elaboraba el calendario de días fastos –en los que era lícito (fas) trabajar, es decir, días laborables- y nefastos –en los que no era lícito (nefas) trabajar, es decir, días festivos- y mantienen al día las listas de las divinidades romanas –indigitamenta-. 

Las Vestales, cuyo número varió de cuatro a seis y, finalmente, a siete, fueron instituidas ya antes de Rómulo, pues su madre era vestal; eran elegidas entre las jóvenes patricias sin tara física; residían en el atrium Vestae, una especie de monasterio y estaban vinculadas a su sacerdocio durante treinta años: diez de instrucción, diez de práctica y diez de enseñanza); mantenían voto de castidad y de ascetismo y cualquier quebranto de las normas sacerdotales era castigado con ser enterradas vivas.  Al frente del colegio estaba la Suma Vestal y su tarea era mantener encendido el fuego del hogar de la ciudad, personificado por la diosa Vesta.

 

Estatua del emperador Octavio Augusto vestido como un Pontífice Máximo.

 Museo Nazionale Romano.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 31/12/2004)

 

 

 

Los Salios –“saltadores”- es un colegio formado por doce sacerdotes que estaban consagrados al culto de Marte y a proteger del robo su  escudo caído del cielo –junto a once escudos falsos para engañar a los posibles ladrones-; celebraban anualmente en Marzo la Saltatio, una danza guerrera acompañada del ritmo de un canto sagrado.

Los Feciales era otro de colegios sacerdotales compuesto por veinte miembros; de origen muy antiguo, pues golpean a sus víctimas con sílex, la piedra típica de las armas prehistóricas; actuaban como un colegio de diplomáticos y considerados creadores del derecho internacional –ius fetiale-, ya que ejecutaban los ritos de la declaración de guerra y de la conclusión de tratados; el jefe de cada delegación era llamado Pater Patratus.

Los Lupercos, un colegio de doce sacerdotes, son considerados anteriores a Rómulo; pertenecían sólo a dos grandes familias patricias, los Quinctilos y los Fabios; en Febrero realizaban ritos mágicos para defender al ganado de los lobos –de ahí su nombre, pues en latín lobo es lupus-; después celebraban en la ciudad las fiestas de la fecundidad, las Lupercalia, fiestas en honor del dios Lupercus –lobo cerval- o Faunus –asimilado al dios griego Pan-, recorriendo las calles semi-desnudos y golpeando con correas de cuero de macho cabrío a quienes desearan hijos, rebaños o buenas cosechas.

 

Texto conservado del himno de los sacerdotes Salios, recogido por Varrón y Terencio Escauro.  El texto está en latín arcaico y no puede ser traducido en su totalidad.

 

 

 

Los Arvales, también doce sacerdotes, en su origen eran los doce hijos del pastor Fáustulo y celebraban anualmente cada Mayo, cerca de Roma, la fiesta en honor de Dea Dia, es decir, Ceres, la Tierra Nutricia.

Los Augures, seis sacerdotes, dos por tribu, no eran estrictamente sacerdotes, sino expertos intérpretes de los signos celestes; tomaban auspicios –del latín aves spicere, “observar las aves”- observando el vuelo de las aves o el apetito de los pollos sagrados.

Los Haruspices, de origen etrusco –parece ser que hara en etrusco significa “entraña”- eran sacerdotes menores, casi charlatanes, que emitían presagios a partir de su observación de la entrañas de los animales sacrificados en los ritos.

Los intérpretes del los Libros Sibilinos eran dos sacerdotes colegiados que según la tradición fueron nombrados por el rey Tarquinio el Soberbio cuando adquirió los libros de la Sibila de Cumas; estos dos sacerdotes –duoviri sacris faciundis, “dos hombres para hacer cosas sagradas”- supuestamente descubrían en los libros prodigios que resultaban indicaciones para salvaguardar a Roma.

 

Texto conservado del himno de los Fratres Arvales, recogido en las actas del año 218 d. C.  El texto está en latín arcaico y no puede ser traducido en su totalidad.

 

 

 

Todos los sacerdocios ante indicados provienen de la época de la Monarquía (753-509 a. C.); con la República (509-27 a. C.) se produjeron algunos cambios.  No obstante, los sacerdotes seguían perteneciendo a las familias patricias, muchas veces eran senadores o magistrados y vestían la toga praetexta propia de los senadores; de hecho, algunos puestos sacerdotales, como el Pontifex Maximus era considerado una especie de magistratura.

Así, con la República, los Flamines perdieron importancia en beneficio de los Pontifices que aumentarían su número a quince con Sila y a dieciséis con Julio César (igual ampliación de número sufrieron los Augures; los intérpretes de Libros Sibilinos fueron ampliados también a quince por Sila).  Al mismo tiempo el Pontifex Maximus pasó a ser jefe de la religión nacional, tuvo cargo vitalicio, era elegido primero por sus colegas pontífices, pero después por el pueblo en asamblea; pasó a encargarse de la vigilancia de los ritos, consultaba al senado y nombraba y controlaba a Flamines y Vestales.

Con la expulsión de los reyes las funciones religiosas del rey fueron repartidas entre unos magistrados –los praetores- y un sacerdote –Rex Sacrorum o Rex sacrificulus- que debía renunciar a todas las demás funciones políticas para evitar una restauración de la monarquía.  Posteriormente este Rex Sacrorum se dedicó al culto de Jano y estaba subordinado al Pontifex Maximus.

Con la llegada del imperio se produjeron algunas modificaciones en los colegios de sacerdotes romanos.  Así, el emperador asumió el cargo religioso más importante, de manera que todos los emperadores fueron Pontifices Maximi durante sus imperios.  También en época imperial se creó el Colegio de los Augustales que servían al culto del genius del emperador y de sus Lares.  Por entonces, también se instituyó un flamen especial para el culto a Julio César, que también fue divinizado, y cada emperador, a partir de entonces, tuvo un Flamen perpetuus.  Los haruspices debían formarse en una academia y sólo podían ser 60 miembros, recibiendo su consagración oficial como sacerdocio gracias al emperador Claudio.  Por otro lado, los cultos orientales conllevaron la creación de sacerdocios propios, de manera que se crearon los Archigalos para Cibeles, los Grandes Sacerdotes para Isis, los Padres para Isis, etc.

 

 

 

 

 

FUENTES:

- CARCOPINO, Jerôme: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Madrid, 1993

- ESPINÓS, Josefa et alii, Así vivían los romanos, Madrid, 1987

- GARCÍA GUAL, Carlos: La Mitología: Interpretaciones del Pensamiento Mítico, Barcelona, 1987

- GARDNER, Jane F.: Mitos Romanos, Madrid, 1995

- GRIMAL, Pierre: Diccionario de Mitología Griega y Romana, Barcelona, 1981

- HACQUARD, Georges: Guía de la Roma Antigua, Madrid, 2003

- PAOLI, Ugo Enrico: URBS.  La vida en la Roma Antigua, Barcelona, 1990