LOS CULTOS PÚBLICOS

 

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Los cultos públicos son aquellos dedicados a los grandes dioses por parte de la ciudad o del estado, por lo que en cierto modo estaban bastante vinculados con la política.  Desde un punto de vista social, Roma era el hogar de los romanos, de manera que también tenían los dioses domésticos en escala nacional; así, Rómulo y Remo eran considerados los Lares de los romanos y los Penates publici eran los Penates del estado que velaban por el aprovisionamiento de toda la ciudad.  En un principio el centro religioso de Roma estaba situado en la colina del Capitolio.

Ante la infinidad de divinidades y ante la necesidad de recurrir a ellas en un momento dado de sus vidas, los romanos poseían multitud de ritos y ceremonias y a lo largo del calendario anual todas ellas tenían algún día, alguna festividad y algún juego con el que ser celebradas.  Con ellas pretendían atraerse la voluntad favorable de una determinada divinidad; este hecho es evidente en lo relativo a las tareas del campo, donde el agricultor se tenía que ganar sucesivamente la voluntad de Sterculinus –“el que abona con estiércol el suelo”-, de Vervactor –“el primer arado del campo”-, Redarator –“el segundo arado del campo”-, Sator –“el sembrador”-, Occator –“el rastrillador”-, etc., donde cada divinidad es sin duda una personificación de las tareas agrícolas.

 

Estatuas de Cástor y Pólux, los dos gemelos dioses tutelares de Roma, en la Piazza dei Campidoglio, el antiguo Capitolio.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 27/12/2004)

 

 

 

No obstante, dentro de las divinidades romanas no todas tenían el mismo rango o la misma importancia que otros, entre otras razones, porque algunas divinidades tenían un campo de acción más amplio que otras: Jano era la luz, Marte la vegetación y después la guerra, Júpiter el cielo y los fenómenos atmosféricos, etc.  Estas divinidades mayores sí solían ser representadas con algún tipo de símbolos: por ejemplo, Marte con una espada.

Los romanos también agruparon a sus divinidades protectoras; eran las tríadas; la primera estuvo formada por Júpiter, Marte y Jano, si bien luego Jano fue suplantado por Quirino –identificado después con Rómulo-; para su culto se asignó como garantes y sacerdotes a tres hombres, los tres Flamines.  No obstante, en el siglo VI a. C., con la dominación etrusca, esta tríada fue sustituida por otra tríada adorada en el monte Capitolio, donde los etruscos construyeron el primer gran templo de Roma dedicado a Júpiter Capitolino, y formada por Júpiter, Juno y Minerva, que se convirtió en la Tríada Capitolina clásica y que perduró ya como tal a lo largo de la historia de Roma.

 

Reconstrucción del templo de Iupiter Optimus Maximus en el Capitolio

procedente de CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998

 

 

 

Los dioses romanos primitivos, llamados indigetes –“propiamente indígenas”- por oposición a los novensides, -“dioses nuevos procedentes de otros pueblos”- serían los que aparecen en el siguiente cuadro:

 

 

 

Estatua de Minerva sentada.  Museo Nazionale Romano.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 31/12/2004)

Carmenta        

 

diosa de las fuentes y después de la predicción

Ceres              

 

diosa de los frutos de la tierra

Faunus            

 

dios del ganado

Flora               

 

diosa de las flores

Janus              

 

dios de la luz que abre las puertas -ianua-; su templo está abierto en época de guerra

Juno                

 

diosa del matrimonio

Júpiter             

 

dios del cielo y del trueno; es el que se  toma como testimonio en un juramento

Liber               

 

dios de la viña

Mars               

 

dios de la vegetación y luego de la guerra

Minerva          

 

diosa de la inteligencia

Pales               

 

dios y después diosa de los pastos y de los pastores

Pomona          

 

diosa de los frutos y de los árboles

Quirinus          

 

dios confundido primero con Marte y luego con Rómulo

Saturnus          

 

dios de la sementera y de los cultivos

Tellus o Terra mater 

 

diosa de la Tierra y de las mieses

Vertumnus      

 

dios de las estaciones y del comercio

Vesta              

 

diosa del hogar

Vulcanus         

 

dios del fuego

 

 

 

El lugar del culto era el templum; originariamente un templum era un campo rectangular de observación que un augur –un sacerdote que predecía el futuro- trazaba en el cielo –inauguratio- con su bastón curvado -lituus-, donde él anotaba el vuelo de las aves; si volaban hacia la derecha –dexter- el presagio y la predicción eran favorables, mientras que si lo hacían hacia la izquierda –sinister- eran desfavorables; después templum pasó a usarse para la parte del cielo que domina el recinto sagrado de Roma –pomerium-, en cuyo centro se realizaban normalmente las actuaciones de los augures; finalmente, templum fue la residencia de un dios.  Los templos romanos básicamente constaban de una celda –cella- donde se guardaba la imagen del dios; el culto y las ceremonias se realizaban fuera del templo, al aire libre, alrededor de un altar –altaria si era una divinidad mayor, ara para el resto de divinidades-.  En un principio los templos tenían forma rectangular y de pequeñas dimensiones, pues no entraba la gente en ellos, sólo los sacerdotes.  No obstante, algunos templos no fueron rectangulares, sino circulares, como el templo de Vesta en Roma.  Además de los templos, los romanos también construían aediculum (plural aedicula) –algo así como “capillas”-, donde sólo había una estatua externa, o sacellum (plural sacella) –pequeños templos con un altar-; también tenían reservados bosques sagrados –lucus (plural luci)-, fuentes –fons (plural fontes)-, etc.

 

Templo romano: el Panteón, dedicado a todos los dioses, construido en época de Augusto por Agripa y restaurado en época de Adriano.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 27/12/2004)

 

 

 

En sus cultos públicos los romanos eran muy estrictos, de manera que los cumplían escrupulosamente y, si se producía una omisión o una negligencia o un error, se comenzaba el rito o la ceremonia o la oración de nuevo desde el principio.

A la hora de hacer sus ritos, los romanos solían cubrirse la cabeza y mirar hacia el este y, en actitud suplicante tocando el altar o la estatua, repetían fórmulas u oraciones o cantos leídos por el correspondiente sacerdote.  Acababan la oración con una adoratio –beso que se lanza con la mano izquierda (oscula facere)- o con una supplicatio –prosternación-.  También hacían promesas a los dioses –vota facere, suscipere o concipere- en función de su riqueza; así algunos ricos construyeron templos dedicados a determinadas divinidades, ofrecieron sacrificios o regalos, celebraron juegos.

Tras las oraciones y las promesas se llevaban a cabo los sacrificios; el que ofrece el sacrificio debía purificarse mediante un baño y vestirse con ropa blanca.  Los sacrificios podían ser cruentos –con derramamiento de sangre- o incruentos –sin derramamiento de sangre-.  El animal que se sacrificaba –victima si era de gran tamaño u hostia si era de menor tamaño- debían ser puros, iban adornados con cintas –vittae- y sus cuernos aparecían dorados; eran conducidos por servidores sagrados –popae- con una cuerda sin tirar de ellos para simular que iban voluntariamente al sacrificio.  Antes del sacrificio se les ponía encima un pastel de harina, miel y sal –mola salsa- hecho por las Vestales, se les rociaba de vino que el sacerdote y los asistentes probaban antes –libatio-.  Entonces, el sacerdote daba la orden al que mataba al sacrificio –victimarius- mediante un hachazo o un cuchillo clavado en el cuello.  Después los haruspices –sacerdotes que predecían el futuro observando las entrañas de los animales sacrificados- observaban sus entrañas, sobre todo el hígado, que, si estaban en buenas condiciones, eran quemados en el altar.  En una primera época hubo sacrificios humanos también.

 

Estatua del emperador Octavio Augusto vestido como un Pontífice Máximo y con la cabeza cubierta.   Museo Nazionale Romano.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 31/12/2004)

 

 

 

Los juegos eran espectáculos dedicados a las divinidades; Rómulo dedicó los Consualia al dios Consus, cuando se produjo el rapto de las Sabinas.  Tarquinio el Antiguo hizo construir el Circo Máximo e instauró los juegos anuales –ludi Romani-.

Excepcionalmente, cuando se producía alguna calamidad o algún suceso inexplicable, se realizaban ceremonias religiosas: se podía llevar a cabo una purificación –lustratio- que consistía en una procesión –pompa-, dando la vuelta alrededor del objeto a purificar tres veces y haciendo una suovetaurilia, es decir, sacrificando un cerdo –sus-, una oveja –ovis- y un toro -taurus-; también se podían hacer lectisternia –banquetes dedicados a determinadas divinidades cuyas imágenes o símbolos eran puestos a la mesa y se les ofrecía comida como si fueran un invitado más. 

En época imperial se llegó a contar en Roma con más de 80 templos que en su mayoría fueron reedificados, remodelados o decorados durante el imperio de Augusto.

 

Templo circular dedicado a  Hércules Vencedor en el Forum Holitorium de Roma.  

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 27/12/2004)

 

 

 

 

 

FUENTES:

- CARCOPINO, Jerôme: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Madrid, 1993

- ESPINÓS, Josefa et alii, Así vivían los romanos, Madrid, 1987

- HACQUARD, Georges: Guía de la Roma Antigua, Madrid, 2003

- PAOLI, Ugo Enrico: URBS.  La vida en la Roma Antigua, Barcelona, 1990