RECLUTAMIENTO

 

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Hasta la reforma de Mario, el servicio militar –militia- era obligatorio para todos los ciudadanos romanos, excepto los proletarios, distinguiéndose dos grupos: iuniores, tropas en activo, en campaña, con una edad comprendida entre 17 y 46 años, y seniores, la reserva, tropas que entraban en activo en caso de guerra, con una edad comprendida entre los 46 y los 60 años; estos últimos también formaban las legiones urbanae.

 

 

 

Hasta entonces el reclutamiento o leva –dilectus- sólo se hacía en caso de guerra y el ejército se formaba en primavera y se disolvía en otoño; hay que tener en cuenta que gran parte del ejército estaba formado por agricultores, de manera que necesitaban plantar y recoger la cosecha para el mantenimiento de su familia y de la ciudad; por otro lado, durante parte del otoño y durante el invierno, las inclemencias del tiempo impedían la navegación, el transporte de tropas por mar y las comunicaciones por tierra podían estar cortadas, por lo que durante esa época del año no se llevaban a cabo de manera general acciones bélicas; lógicamente cuando Roma se expandió sí que necesitaría soldados permanentes todo el año, pero, aun así, durante el mal tiempo solían hibernar –pasar el invierno- en los campamentos de invierno.

 

 

 

Para llevar a cabo el reclutamiento, cada año los comicios tribales –comitia tributa, asambleas del pueblo reunidos por tribus; en este caso sobre todo para campesinos y ciudadanos urbanos que no pertenecían a las clases sociales altas- se reunían en el Campo de Marte –dios de la guerra- y elegían a los tribunos militares –tribuni militum-; estos ayudaban a los cónsules que desde el Capitolio procedían a la incorporación de los soldados de la ciudad –agere dilectus-; para reclutar a los soldados que vivían en el campo enviaban a funcionarios encargados específicamente de tal función, llamados conquisitores.

 

 

 

No todos los ciudadanos en edad de formar parte del ejército eran reclutados; podía haber voluntarios –volones-; después se procedía a un sorteo y se seleccionaban el número suficiente para completar las legiones establecidas; sólo en caso de peligro para Roma o en caso de guerra declarada se llevaba a cabo una leva en masa de todos los ciudadanos en edad de formar parte del ejército; en alguna ocasión, incluso esclavos fueron movilizados como tropas auxiliares –auxiliaria-.

 

 

 

Quedaban excedentes de cupo, es decir, se libraban de ir al ejército los ciudadanos que desempeñaban determinadas magistraturas, los sacerdotes y los que tenían alguna enfermedad –morbus- o defecto –vitium-.

 

 

 

La infantería tras 20 años de servicio continuado se licenciaba, mientras que la caballería lo hacía al cabo de 10 años.

 

 

 

Con Mario se aceptó que los proletarii pudieran entrar en el ejército, con lo que aumentaron los alistamientos voluntarios –conquisitiones-, pues los pobres veían en el ejército un oficio y una posibilidad de prosperar en sus vidas; se reenganchaban continuamente, convirtiéndose pronto en veteranos –veterani-.  De este modo se convirtió en un ejército profesional.

 

 

 

En época imperial, aunque el servicio militar siguiera siendo obligatorio, había un número tal de voluntarios que los reclutamientos y las levas en masa no fueron apenas necesarios.  El aumento de voluntarios se produjo esencialmente entre los hombres de las provincias que veían en el ejército un modo de ganarse la vida, pues tenían un sueldo estable (entre el siglo I y III d. C. pasó de 150 a 500 denarios anuales) aumentado por primas; además, al acabar el servicio militar recibían la jubilación –praemia militiae- (unos 3.000 denarios y algún lote de tierras); por último, a los soldados auxiliares, de por sí no romanos, se les solía conceder la ciudadanía romana para sí y sus descendientes.

 

 

 

 

 

FUENTES:

- CONNOLLY, Peter: Greece and Rome at War, Londres, 2006

- HACQUARD, Georges: Guía de la Roma Antigua, Madrid, 2003

- WILKES, John: El ejército Romano, Madrid, 1990