MURALLAS DE CAESARAUGUSTA

 

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Desde su fundación Caesar Augusta contó con una muralla que marcaba el perímetro de la ciudad.  La existencia de esta muralla obedecía al rito fundacional de la ciudad, a la presencia de soldados y veteranos de guerra como germen de la población y a la organización de la misma a modo de un campamento y con trazado hipodámico, es decir, planificación a base de calles perpendiculares y paralelas.

La forma de fundación recibe el nombre de deductio, es decir, etimológicamente “llevar algo de un lugar a otro”, en la práctica “trasplantar un pedazo de Roma en un suelo nuevo”.  Para que la deductio fuera efectiva era necesario “fundar una nueva Roma”, es decir, seguir el rito fundacional de origen etrusco que Rómulo utilizó para la fundación de Roma:  un sacerdote uncía una pareja de bueyes y trazaba con un arado ritual con la reja de bronce el perímetro de la ciudad y de su muralla, rompiendo así el suelo de la madre Tierra; de esta manera el recinto resultaba consagrado, protegido por los dioses romanos y en su interior no podía matar a nadie, enterrar cadáveres, aportar tropas, etc.  En el trazado del perímetro, el sacerdote levantaba el arado del suelo cuatro veces, en los cuatro puntos cardinales donde se colocarían respectivamente cuatro puertas de acceso a la ciudad.  Esta fundación ritual quedó reflejada en monedas acuñadas en Caesar Augusta.

 

Monedas de Caesar Augusta con la efigie de Augusto y con el rito fundacional de la ciudad según DELGADO, A., Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871-1876. (Foto procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel y FATÁS CABEZA, Guillermo: Historia de Zaragoza 2: César Augusta, ciudad romana, Zaragoza, 1998)

 

Por otro lado, la fundación de ciudades nuevas obedecía también a razones económicas, sociales, expansionistas y militares.  Cada año se licenciaban de los ejércitos romanos miles de soldados a los que había que pagar del erario público grandes sumas de dinero.  La fundación de ciudades solucionaba la cuestión, pues, en lugar de pagos en metálicos, a los soldados se les entregaban lotes de tierra, convirtiéndose en nuevos propietarios en nuevas ciudades; de esta manera se extendía la romanización, la latinización y la aculturación de las provincias y se garantizaba la fidelidad de estos nuevos territorios añadidos a Roma.  Prueba de ello también son las acuñaciones de monedas de la Colonia Caesar Augusta, donde aparecen las insignias y denominaciones de estos primeros licenciados cesaraugustanos, procedentes de las legiones IV Macedónica, VI Victrix y X Gémina (véase web legiones). 

 

Dupodio de época de Tiberio (31-32 d. C.) con las insignias y la mención de las legiones de las que procedían los veteranos que fundaron Caesar Augusta, según DELGADO, A., Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871-1876.  (Foto procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel y FATÁS CABEZA, Guillermo: Historia de Zaragoza 2: César Augusta, ciudad romana, Zaragoza, 1998)

El status de la ciudad y de sus ciudadanos puede rastrearse en el texto de Estrabón, Geografía III 2, 15, quien ilustra de la consideración de la ciudad hacia los años 17-18 d. C. como una ciudad mixta completamente romanizada donde cohabitaban indígenas de derecho latino o romano (íberos y celtas) con legionarios predominantemente itálicos.

En cuanto a la construcción de la muralla hay que decir que ésta se adaptó al desnivel de la ciudad, como lo manifiestan los restos aparecidos en la zona noreste de la misma.  La técnica de construcción de la muralla fue uniforme: en el centro opus caementicium, es decir, hormigón formado por la mezcla de agua, arena y cantos rodados (en ocasiones alcanza un espesor de 4 metros), mientras que en el exterior se utilizaron sillares de gran tamaño para dar fortaleza a la muralla; en algunas zonas la muralla estaba cimentada por un cubo, como en la zona del Torreón de la Zuda, donde el basamento alcanza casi los 11 metros de diámetro con un gran peralte.

La muralla se inició en época del propio Octavio Augusto y, sin duda, hacia finales del siglo I a. C. ya debía de estar finalizada, suponiendo una evidente y manifiesta prueba del rango y del prestigio de la colonia.  De esta primera época datan el torreón del Paseo Echegaray 154-156, la puerta decumana Oeste, los restos del Coso 7 y 13 y el área del Torreón de la Zuda.

 

Basamento de cubo de la muralla junto al Mercado Central (Foto procedente de BELTRÁN LLORIS, Miguel y FATÁS CABEZA, Guillermo: Historia de Zaragoza 2: César Augusta, ciudad romana, Zaragoza, 1998)

La muralla, poderosa y jalonada de torres, delimitó un rectángulo de 895 por 513 metros con un ángulo casi recto en el lado noroeste; la orografía del terreno y el río Ebro impidieron que la ciudad tuviera una forma rectangular perfecta; así la esquina sureste tiene forma de chaflán para adaptarse a las cotas del terreno y a los suelos inestables cercanos al río Huerva.

No obstante, a lo largo de la historia la muralla fue sometida a numerosas reparaciones y obras de mantenimiento.  En el siglo II, bajo la dinastía Antonina, la muralla estaba completamente terminada y de ella nos quedan dos tramos bien conservados, uno en la zona noroeste,  junto a la Iglesia de San Juan de los Panetes entre la avenida y la plaza de César Augusto, y otro en la zona noreste en el convento del Santo Sepulcro, en su parte trasera en la confluencia del Coso y del paseo Echegaray.

El tramo noroeste ofrece unos 80 metros de murallas con tres torreones bien conservados y restos de un cuarto; los torreones vienen a tener unos 8,30 metros de diámetro, 2,28 metros de peralte y una distancia entre sí de unos 14 metros, semejante a lo que ocurre en las murallas de Asturica Augusta (Astorga) y Legio VII Gemina (León).

 

(foto: Roberto Lérida Lafarga 1/11/2007)

Al opus caementicium de época de Octavio Augusto se añaden sillares de gran tamaño, pero en esta época –o quizás incluso antes- también se observa un espacio intermedio de unos 3,20 metros rellenado por sillares más pequeños y desordenados, mezclados con capiteles y tambores de columnas y otros materiales; este fenómeno también se encuentra en las murallas de Barcino (Barcelona) con 4,50 metros, y Legio VII Gemina (León) con 5,27 metros.  Lo que es seguro que materiales de la propia muralla y de otros edificios fueron reutilizados en el siglo II para fortalecer la muralla.

 

(foto: Roberto Lérida Lafarga 1/11/2007)

En el tramo noreste se conserva otros dos torreones con un diámetro de unos 7,40 metros y a una distancia de13 metros; esta parte de la muralla se levanta sobre un nivel de arcillas fluviales; su construcción es diferente al tramo antes citado, ya que en la noreste se encuentran dos hileras de sillares sobresalientes de la muralla.

El grosor de la muralla y la cercanía de las torres defensivas respondían a la voluntad de crear un factor de efectiva disuasión ante la vista de la muralla y su solidez frente a arietes, martinetes y otros proyectiles de artillería; esta solidez en la muralla es rastreable en muchos otros lugares del imperio, sobre todo en el período tardorromano.

La muralla tenía cuatro puertas de acceso a la ciudad, las dos cardinales y las dos decumanas; de las cardinales, la puerta norte, también conocida como Puerta del Ángel, coincidiría con el puente-acueducto que se erigía donde se encuentra el actual puente de Piedra, mientras que la puerta sur, denominada Puerta Cinegia o del Arco Cinegio se encontraría en la actual plaza de España; por su parte, de las decumanas, la puerta este, llamada Puerta de Valencia, se encontraría en el Coso bajo, mientras que la puerta Oeste, llamada Puerta de Toledo, se encontraba en la zona del actual Mercado Central.

 

(foto: Roberto Lérida Lafarga 1/11/2007)

Hacia 1460 se cita la existencia de un tramo de la muralla con once torres junto con la puerta de Toledo que han desaparecido.  También se citan restos de la muralla en los bajos del Palacio de los Condes de Morata (actual Audiencia Provincial) y sus casas vecinas; también bajo la torre noroeste del Pilar se encontraron restos de la muralla y quedan pequeños lienzos de la muralla sur en los números 75-79 del Coso (segmentos de torreones distantes 13,12 metros), en el Coso 99-101, en la confluencia del Coso con la calle San Jorge y en el Teatro Principal (un torreón de 7 metros de arco máximo).

 

 

Fuentes:

- BELTRÁN LLORIS, Miguel y FATÁS CABEZA, Guillermo: Historia de Zaragoza 2: César Augusta, ciudad romana, Zaragoza, 1998