LETRINAS

 

english version

 

Para promover una mayor salubridad en las ciudades los romanos instalaban vertederos de basura accesibles para sus ciudadanos y numerosas letrinas, que realmente fueron muy frecuentemente visitadas por los ciudadanos.

 

 

 

En las domus privadas se solían estar dotadas de letrinas, consistentes normalmente en el mejor de los casos en una plancha o placa agujereada apoyada sobre dos soportes de mampostería; en otras ocasiones era un simple agujero en el suelo en un retrete inmundo bajo una escalera o en un rincón de alguna estancia.  La evacuación de los residuos se hacía cerca de las cocinas y baños o incluso con cañerías de barro desde los distintos pisos de una domus.  Sin embargo, las insulae en las que habitaban los menos pudientes nunca estuvieron dotadas de letrinas, por lo que debían recurrir a orinales –lasana o matellae- o a las letrinas públicas.

 

Letrina de una casa particular con la escobilla (según P. CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

 

 

Las letrinas públicas, en latín llamadas generalmente foricae, se presentaban generalmente como salas espaciosas a lo largo de cuyas paredes se extendía una bancada continua de mármol con una serie de agujeros ovoides con una abertura más estrecha en forma de gota delante; estos agujeros estaban lo suficientemente separados como para que pudieran dejar objetos entre uno y otros usuario.  En el suelo solían correr unos pequeños canales con la inclinación suficiente para que el agua estuviera permanentemente en movimiento; junto a estos canales había unos cubos con unas escobillas con el mango de madera y con una bola de esponja que se usaban a modo de nuestro papel higiénico actual, limpiándolas en el canalillo de agua.

 

Asiento de una letrina (según P. CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

Reconstrucción hipotética de unas letrinas de Roma, quizás para 100 personas, en el actual Largo Argentina (según P. CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

 

 

Su entrada era directa desde la calle con un pequeño vestíbulo que, no obstante, no impedía la visión de la letrina desde el exterior.  Solían ser lujosas incluso en las zonas más paupérrimas de las ciudades.  En ocasiones un sistema de calefacción subterránea –hypocaustum- permitía que se mantuvieran calientes en invierno.  El suelo se decoraba con losas de mármol o mosaicos.  Eran lugar de encuentro y de negocios.  Se pagaba un óbolo, una pequeña cantidad de dinero, como todavía ocurre en muchos aseos públicos de las grandes ciudades para el mantenimiento y la limpieza de las instalaciones, así como el sueldo de los foricarium conductores.

 

Reconstrucción de las letrinas de Vercovicium, hoy Housesteads Fort, junto al muro de Adriano, (Reino Unido)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/7/2004)

 

 

 

Letrinas de Vercovicium, hoy Housesteads Fort, junto al muro de Adriano, (Reino Unido)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/7/2004)

 

Hypocaustum de la casa del pretor de Vercovicium, hoy Housesteads Fort, junto al muro de Adriano, (Reino Unido)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 21/7/2004)

 

 

 

Roma llegó a contar con 144 letrinas en el siglo IV d. C., si bien no se han encontrado muchos restos de ellas en Roma (en el Foro Julio y en el actual Largo Argentina).  No obstante, al igual que las cloacas no llegaban a todas las partes de Roma ni de muchas de las ciudades del imperio, tampoco había letrinas en todos los barrios, por lo que el orinal era lo más socorrido y el lanzamiento de su contenido por la ventana era una costumbre frecuente, si no se depositaban en cubas o tinajas creadas ex professo para ello, pues las tenerías –fullonicae- usaban la orina para el tratamiento de los tejidos.  Esto hacía que determinados barrios olieran muy mal, sobre todo en verano, aumentado por la presencia de montones de basura en depósitos existentes en muchas esquinas de estos barrios, llamados trivia (“entre tres vías”, de donde viene el término trivial, “algo sin importancia”).

 

Letrinas de Vasio, hoy Vaison La Romaine (Vaucluse, Francia)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 6/8/2007)

 

 

 

 

 

FUENTES:

- MALISSARD, Alain: Los romanos y el agua: La cultura del agua en la Roma antigua, Barcelona, 1996

- BELTRÁN LLORIS, Miguel: “El agua profana en la cuenca media del valle del Ebro:  AQUA DUCTA.  La captación del agua, presas, embalses, conducciones”, en AA. VV.: Aquaria: Agua, territorio y paisaje en Aragón, Zaragoza, 2006

- CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998