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TURIASO: CONTEXTO HISTÓRICO

 

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Turiaso es el nombre de una ciudad celtibérica que generalmente se ha localizado en la ubicación de su sucesora Tarazona.  Sin embargo, pocos son los restos celtibéricos hallados en esta ciudad, por lo que en ocasiones se ha puesto en duda el hecho de que la Tarazona actual se halle sobre la antigua Turiaso celtibérica y, por tanto, que ésta no se encontraría junto al río Queiles, sino en otra ubicación y que, en el siglo I a. C., como ocurrió con otras ciudades celtibéricas, las ciudad romana de Turiaso se trasladara a la ubicación actual de Tarazona desde otra zona.  A falta de más datos, puesto que tampoco se han encontrado hallazgos que permitan localizar la Turiaso celtibérica en un emplazamiento distinto de la Turiaso romana, lo más sensato es seguir pensando que Tarazona es una ciudad continua, primero celtibérica y luego romana, llegando hasta la actual ininterrumpidamente sin dejar de ser habitada.

 

 

 

La Turiaso celtibérica pertenecía al ámbito de los lusones, junto con Bursao (Borja, Zaragoza), Caravis (Magallón, Zaragoza), Caiscata (la romana Cascantum, hoy Cascante, Navarra).  Turiaso emitió, además de moneda bronce, abundante moneda de plata, con gran difusión geográfica en la meseta, gracias al Duero, el valle del Ebro, Sierra Morena y Cataluña, y esporádicamente el territorio portugués y Cantabria.  Sus monedas se difunden entre el final del s. II y el s. I a. C., agrupadas con las de Nertobis (cerca de La Almunia de Doña Godina), Caiscata y Bursau de las que los tipos turiasonenses pudieron servir de modelo.

 

 

 

Respecto del propio nombre de la ciudad Turiasu, éste se relaciona con la onomástica celta en la que aparecen, entre otros, hidrónimos, que tienen por base una raíz alternante sordo-sonoro *tur-/dur- (existe la raiz celta *dur) vinculable además con el término Durius (actual río Duero). La vinculación del nombre de la ciudad con un valor hidrónimo reforzaría el importante papel del agua en el entorno de Turiaso.

 

Turiaso escrito en signario ibérico: turiasu

 

Signario ibérico en panel del Museo Provincial de Zaragoza. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 03/01/2008)

 

 

 

Poco es lo que sabemos de la Turiaso romana por las fuentes clásicas.  Turiaso es mencionada en varias ocasiones en las fuentes clásicas; Plinio III 3, 24, indica que era una ciudad de derecho romano, mientras que el propio Plinio XXXIV 144, hace referencia a las bondades el hierro celtibérico de Bilbilis y Turiaso.  El poeta bilbilitano Marcial la menciona en algunos de sus poemas.  Ptolomeo también aporta algún dato.  Los itinerarios Antonino y Ravenate la sitúan en sus recorridos.

 

 

 

No obstante, la numismática, la epigrafía y, sobre todo, la arqueología han permitido ampliar nuestro conocimiento sobre la antigua Turiaso.

 

Monedas de Turiaso.

Museo Provincial de Zaragoza.

(Fotos: Roberto Lérida Lafarga 03/01/2008)

 

 

 

La ciudad sufrió una seria transformación a lo largo del siglo I a. C., quedando ubicada en la margen izquierda del río Queiles.  El centro de la ciudad estaría por la actual calle Tudela y su prolongación por la Rúa alta de Bécquer, cruzada por un eje perpendicular correspondiente a las actuales calles Carmen y Visconti; calles actuales como las de Madorrán, Quiñones y Cañuelo ya estarían plenamente urbanizadas en este siglo.  La zona alta de la ciudad, por entonces, no estaría urbanizada y estaría muy probablemente fuera del área urbana; por otro lado, calles como la del Teatro o la zona de Rudiana evidencian actividad industrial en esta época.  Acabadas las guerras civiles romanas, la parte alta de la ciudad no fue habitada, pues no era ni cómodo ni práctico, mientras que la margen derecha del río empieza a ser habitada, según los hallazgos encontrados en las zonas de Pradiel, Palacio de Eguarás, la Catedral, calle Cinco Villas, calle Borja, la carretera de Zaragoza, etc.  Así, los hallazgos más antiguos se encontraron en lo que sería la vía que comunicaba Caesar Augusta con Asturica Augusta (Astorga).  El cardo -calle principal de norte a sur- y el decumanus -calle principal de este a oeste- de la ciudad romana se ha identificado con las calles de San Atilano y de San Bernardo, respectivamente.

 

 

 

 

En el siglo III d. C. se detectan destrucciones y abandono progresivo de la ciudad, al tiempo que se multiplicaban las villas rurales, de acuerdo con las excavaciones en distintas zonas de la ciudad (colegio Joaquín Costa, calle Cinco Villas, Barrioverde) y enterramientos tardíos (Hogar Doz, Palacio de Eguarás).  La inestabilidad del imperio y las invasiones de bagaudas son la causa de este abandono progresivo, al tiempo que se hacen más comunes las evidencias de elementos militares en la ciudad y en la zona a partir del siglo IV d. C.

 

 

 

Así pues, en el Bajo Imperio, los asentamientos más usuales son los rurales en la vía Caesar Augusta-Asturica Augusta y en las vías que comunicaban Turiaso con Cascantum y Graccurris.  Se sitúan cerca del agua, en zonas con buena visibilidad; su función es eminentemente agropecuaria y en ocasiones artesanales.

 

 

 

Turiaso fue incorporada al conventus iuridicus Caesaraugustanus como municipium con derecho latino en época de Augusto; la concesión del status de municipium tuvo lugar en los primeros años del imperio, a finales del siglo I a. C. como recompensa al apoyo que la ciudad prestó a Julio César en su guerra contra Cneo Pompeyo, de manera que las clientelas que el dictador se granjeó fueron mantenidas por Augusto posteriormente.  De hecho, hay testimonios de la presencia de un ciudadano perteneciente a la tribu Galeria que tradicionalmente es considerada clientela seguidora de la dinastía Julio-Claudia.  Sobre la relación de Turiaso con el primer emperador, Augusto, el profesor Miguel Beltrán plantea la posibilidad de que Augusto, para superar una enfermedad, pasara algún tiempo aquí para beneficiarse de las aguas sanadoras de Turiaso.  De hecho, está constatado el culto imperial a Augusto en Turiaso a lo largo de todo el Alto Imperio, como lo demuestra, de un lado, el hecho de que la acuñación de monedas en época del segundo emperador, Tiberio, recogieran la divinización de Augusto, y, de otro lado, la existencia de una cabeza de Augusto realizada sobre un anterior retrato del emperador Domiciano, a finales del siglo I d. C.

 

 

 

 

 

FUENTES:

- GARCÍA SERRANO, José Ángel: Arqueología del Moncayo.  Catálogo de la exposición permanente, Tarazona, 2003

- AA.VV.:  Las aguas sagradas del Municipium Turiaso.  Excavaciones en el patio del Colegio Joaquín Costa (Antiguo Allué Salvador). Tarazona (Zaragoza), (Caesaraugusta 76), Zaragoza, 2004