CAESAR AUGUSTA: CONTEXTO HISTÓRICO

 

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Salduie, ciudad íbera

Entre los años 400 y 250 a. C., en la zona del Ebro cercana a las desembocaduras de los ríos Huerva y Gállego, se conoce la existencia de una ciudad íbera que recibía el nombre de Salduie, perteneciente al pueblo de los sedetanos y que a partir del año 200 a. C. colaboró con Roma, de la que recibiría gran influencia cultural y comercial.

Respecto del nombre antiguo de la ciudad, Plinio, Historia Natural III 3, 24, ya en el 79 d. C., se referirá a que la Caesar Augusta romana se alzaba en el lugar en el que se encontraba una ciudad indígena denominada Salduvia.  La forma romana fue identificada con el nombre de Salduba (cerca de la actual Málaga existió una Sálduba en la misma época), sin embargo, con el desciframiento del signario ibérico, el título que aparecía en las monedas debía decir S.a.l.du.i.e o S.a.l.tu.i.e, de manera que el nombre original era Salduie.

Desde temprano la ciudad debió gozar de un aire cosmopolita, multiétnico, políglota, abierto y mestizo.

Entre los años 91 y 88 a. C. a. C: se produjo la llamada Guerra Social (Bellum sociale) entre los romanos y varios pueblos itálicos a los que los romanos se negaban a dar el derecho romano y la ciudadanía romana.  Para esta guerra los romanos reclutaron tropas auxiliares no itálicas (bárbaras) para reforzar sus legiones.  En este contexto, tenemos noticia de la presencia de unas tropas ibéricas del valle del Ebro entre esas tropas auxiliares, según nos cuenta un documento oficial, único conservado de estas características, el llamado Bronce de Áscoli.  En él se menciona un hecho histórico de gran importancia, pues por primera vez (no hay documentada ninguna concesión anterior) se concede la ciudadanía romana a un batallón de caballería, en este caso íbera denominado Turma Salluitana, por su inestimable ayuda en la victoria romana en el asedio de Asculum (hoy Áscoli-Piceno, en la costa adriática de Italia).  Aunque en dicho batallón son pocos los soldados de Salduie, parece lógico pensar que el reclutamiento de todo el batallón sería realizado por un gobernador romano que tenía como base de operaciones Salduie.

Otro testimonio de la ciudad lo encontramos en otro bronce, comúnmente llamado Tabula Contrebiensis o Bronce de Contrebia Belaisca (actual Botorrita) datado en el 87 a. C.  El bronce contiene el litigio jurídico más antiguo documentado en Hispania y cuya motivación fue un conflicto de aguas en el Valle del Ebro, en concreto un conflicto por la posesión de unas tierras entre las ciudades-estado de Alaun (actual Alagón) y Salduie, que estaba construyendo obras de regadíos y canalizaciones y quería hacerlas pasar por esas tierras de posesión discutida; así Alaun y Salduie acudieron al arbitraje de la vecina Contrebia Belaisca para dirimir sus diferencias.  Más allá del litigio, lo que evidencia este bronce es el alto grado de organización de las ciudades-estado indígenas del Valle del Ebro, sujetas, no obstante, a la norma romana de recurrir al arbitraje y a la publicación de los acuerdos.

 

Monedas de Salduie.  Museo Provincial de Zaragoza. (Fotos:  Roberto Lérida Lafarga 3/1/2008)

 

 

 

Salduie durante las guerras civiles romanas

Entre los años 89 y 82 a. C. los conflictos civiles en Roma llegaron a la confrontación militar que también alcanzó el valle del Ebro.  Cuando Mitrídates, rey del Ponto, invadió Asia Menor y dio muerte a unos ochenta mil romanos e itálicos, el conservador Lucio Cornelio Sila fue elegido para afrontar esta excepcional crisis, ganando las elecciones al popular Cayo Mario.  En ausencia de Sila, enfrascado en las campañas contra Mitrídates, se sucedieron en Roma matanzas de partidarios de Mario y del propio Sila.  Sin embargo, con su victoria sobre Mitrídates, Sila consiguió ser nombrado dictador por tiempo ilimitado.  Los conflictos de Roma alcanzaron el valle del Ebro: Quinto Sertorio, partidario de Mario y de los populares, se hizo fuerte en distintas ciudades del valle, como Osca (Huesca), Calagurris (Calahorra) Bilbilis (Calatayud) o Ilerda (Lérida).  Por su parte, Cayo Valerio Flaco, en un principio partidario también de la facción popular, parece haber sido designado procónsul (magistratura equivalente a un gobernador de una provincia) de la Hispania Citerior durante diez años seguidos (tenemos noticias de actuaciones de Valerio Flaco en el valle del Ebro gracias a Apiano de Alejandría y de Granio Liciniano).  Tal duración en el cargo resulta anómala en la República romana y sólo se explica por un cambio de facción del propio Valerio Flaco y de su familia, pasando de mostrar su apoyo a los populares para decantarse por el bando conservador de los optimates y de Sila, de manera que, mientras Sila recibía poderes como dictator legibus scribundis et rei publicae constituendae (es decir, dictador con facultades para dictar leyes y para dirigir el Estado con facultades constituyentes, claro antecedente del cargo excepcional que luego ocuparían Cayo Julio César y Octavio Augusto), Valerio Flaco sería renovado en su cargo.

La importancia de Valerio Flaco para Salduie estribaría en el hecho de que elegiría esta ciudad estratégica del valle del Ebro como centro de reclutamiento, recibiendo las clientelas (lazos de dependencia por los que hombres libres se unían y servían a un poderoso para que este les diera protección) de muchas poblaciones de la zona; de esta manera, orientaría la vida política e institucional de la ciudad, llegando al punto de acuñar moneda propia con su nombre y la condición de imperator.

Poco después, Roma se vio sumergida en otra crisis que llevó a la guerra civil por las rivalidades entre el conservador Gneo Pompeyo (apodado el Grande) y el popular Cayo Julio César.  Ambos estuvieron en el valle del Ebro y muy probablemente estuvieron en Salduie.  El valle del Ebro se convirtió durante un tiempo en el escenario de la lucha de estos dos poderosos ciudadanos romanos (César, Guerra Civil ).

 

 

 

Augusto en Hispania:  fundación de la Colonia Caesar Augusta

Aunque Octavio Augusto no era muy amigo de hacer viajes tuvo que hacer dos a Occidente en los cuales visitó Hispania.  En el segundo de ellos, entre los años 16 y 13 a. C., reorganizó Hispania, en especial la Hispania Citerior, también llamada provincia Tarraconense, a la que consideró provincia imperial sujeta a la voluntad del emperador y, además, con fuerte presencia militar con al menos dos legiones (las provincias del imperio podían depender del emperador o del senado).  Durante este viaje fundó numerosas ciudades en Hispania y en el valle del Ebro fue espacialmente intensa su actividad, otorgando el derecho de romanidad a ciudades como Ilerda (Lérida), Osca (Huesca), Calagurris (Calahorra), Turiaso (Tarazona) y Bilbilis (Calatayud) y el derecho de latinidad a otras ciudades como Graccurris (Alfaro) y Cascantum (Cascante).

No obstante, el caso de César Augusta es especial en su denominación.  Tanto Cayo Julio César como Octavio Augusto fundaron al menos setenta y cinco ciudades a las que les dieron su propio nombre (Julia en el caso de César, como Julióbriga, y Augusta en el caso de Octavio, como Emerita Augusta –Mérida-), pero sólo una recibió el nombre de los dos a la vez, Caesar Augusta.  Esta denominación excepcional puede explicarse por el hecho de que la ciudad fuera fundada en la celebración de algún acontecimiento importante en la vida de Augusto, por ejemplo, su quincuagésimo cumpleaños, por lo que la fecha de fundación de la ciudad sería el año 13 a. C.

 

Copia en bronce de la estatua de Augusto de Prima Porta.  Murallas Romanas de Caesar Augusta (Zaragoza).  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 3/11/2007 )

 

 

 

La fundación de la colonia obedecería a su posición estratégica en el valle del Ebro y la gran extensión de su territorio.  La forma de fundación recibe el nombre de deductio, es decir, etimológicamente “llevar algo de un lugar a otro”, en la práctica “trasplantar un pedazo de Roma en un suelo nuevo”.  Para que la deductio fuera efectiva era necesario “fundar una nueva Roma”, es decir, seguir el rito fundacional de origen etrusco que Rómulo utilizó para la fundación de Roma:  un sacerdote uncía una pareja de bueyes y trazaba con un arado ritual con la reja de bronce el perímetro de la ciudad y de su muralla, rompiendo así el suelo de la madre Tierra; de esta manera el recinto resultaba consagrado, protegido por los dioses romanos y en su interior no podía matar a nadie, enterrar cadáveres, aportar tropas, etc.  En el trazado del perímetro, el sacerdote levantaba el arado del suelo cuatro veces, en los cuatro puntos cardinales donde se colocarían respectivamente cuatro puertas de acceso a la ciudad.  Esta fundación ritual quedó reflejada en monedas acuñadas en Caesar Augusta.

Por otro lado, la fundación de ciudades nuevas obedecía también a razones económicas, sociales, expansionistas y militares.  Cada año se licenciaban de los ejércitos romanos miles de soldados a los que había que pagar del erario público grandes sumas de dinero.  La fundación de ciudades solucionaba la cuestión, pues, en lugar de pagos en metálicos, a los soldados se les entregaban lotes de tierra, convirtiéndose en nuevos propietarios en nuevas ciudades; de esta manera se extendía la romanización, la latinización y la aculturación de las provincias y se garantizaba la fidelidad de estos nuevos territorios añadidos a Roma.  Prueba de ello también son las acuñaciones de monedas de la Colonia Caesar Augusta, donde aparecen las insignias y denominaciones de estos primeros licenciados cesaraugustanos, procedentes de las legiones IV Macedónica, VI Victrix y X Gémina (véase web legiones).  El status de la ciudad y de sus ciudadanos puede rastrearse en el texto de Estrabón, Geografía III 2, 15, quien ilustra de la consideración de la ciudad hacia los años 17-18 d. C. como una ciudad mixta completamente romanizada donde cohabitaban indígenas de derecho latino o romano (íberos y celtas) con legionarios predominantemente itálicos.

 

 

 

La situación de Caesar Augusta, sin grandes localidades en sus cercanías, hacía de ella una ciudad con un enorme ager (campo) de tierra útil y fértil, regado por varios ríos e incluso por obras de canalización temprana; se calcula que por el Oeste llegaba hasta Gallur o Borja y por el Este a Fuentes de Ebro.  Así, los primeros licenciados con honor (emeriti) recibieron lotes de tierra rústica y urbana.  Los técnicos de la legión (gromatici) y los agrimensores, utilizando el instrumento topográfico denominado groma, acotaban el territorio en parcelas mediante la centuriatio (centuriación o parcelación del terreno); parece ser que la división de terrenos actuales próximos a Zaragoza todavía sigue esta primitiva parcelación.

En la citada reorganización provincial llevada a cabo por Augusto dos provincias occidentales, la Tarraconense y Dalmacia, fueron divididas en conventus iuridici (agrupaciones legales).  En nuestro caso, la Tarraconense se dividió en siete con capitales en Tarraco (Tarragona), Caesar Augusta (Zaragoza), Cathago Nova (Cartagena), Clunia (Coruña del Conde, en Burgos), Asturica Augusta (Astorga), Lucus Augusti (Lugo) y Bracara Augusta (Braga, en Portugal).  El conventus iuridicus de Caesar Augusta era muy extenso, pues llegaba al norte hasta el Pirineo y mar Cantábrico, al Oeste hasta Calagurris (Calahorra), al sur hasta Complutum (Alcalá de Henares) y al Este hasta Ilerda (Lérida); prueba de ello nos la da Plinio, Historia Natural III 3, 24.

La existencia de estos conventus iuridici supuso para Caesar Augusta la coexistencia de una doble administración, municipal como colonia romana y conventual como capital de una división territorial romana; ello hace posible la existencia de dos foros en la ciudad, uno en la plaza de la Seo, local, cotidiano y colonial, donde se llevaría a cabo la vida mercantil de la ciudad; y otro, conventual y más ceremonial, quizás junto a la plaza de Santa Cruz, centro de la ciudad donde se cruzaría el cardo (calle principal de norte a sur) y el decumanus (su principal perpendicular de este a oeste), donde se llevarían a cabo las negocios jurídicos de todas las localidades pertenecientes al conventus caesaraugustano.  De esta manera, Caesar Augusta se convirtió en centro y capital de un complejo dispositivo jurídico, administrativo, religioso y económico, punto de encuentro de las culturas céltica, ibérica, vascónica y la romana.  La constitución de Caesar Augusta como capital de convento y como ciudad de importancia estratégica, comercial, etc., justifica el tamaño de la colonia, la existencia de una muralla desde el momento de su fundación como elemento de prestigio, su cuidada planificación monumental con canalizaciones, traídas de agua y cloacas desde un primer momento.

 

 

Mapa del Conventus Caesaraugustanus procedente del Gran Atlas Histórico de Aragón

 

 

 

Caesar Augusta durante el Imperio Romano

El imperio de Tiberio, sobre todo, supuso el auge de la colonia, que tomó un aspecto bastante definitivo. 

En la dinastía de los Flavios Caesar Augusta se muestra ya como una ciudad madura, completamente funcional, con un gran número de actividades comerciales desarrolladas y centradas en su forum.  La vinculación de todo el conventus con su capital se testimonia en un miliario (un mojón que señalaba las distancias de una calzada) de la época del emperador Domicio, encontrado en la vía Caesar Augusta-Bilbilis, en el que se dice que imperator … refecit pontes vias colapsas (“el emperador reparó los puentes y vías hundidas”). 

No obstante, será bajo la dinastía Antonina, en el siglo II de nuestra era, cuando se culmina el proceso de ajuste de la ciudad, al tiempo que en su territorio, su ager, se produce una reorganización de importantes propiedades.  Es en este siglo cuando la ciudad alcanza su aspecto característico con una muralla jalonada por numerosas torres, rodeada de casas extra-urbanas, establecimientos artesanales y sus necrópolis a las orillas de las calzadas, si bien empiezan a producirse los primeros abandonos de algunas edificaciones en el extra-radio de la muralla.

 

(foto: Roberto Lérida Lafarga 1/11/2007)

Ver las Murallas de Caesar Augusta

 

 

 

En la etapa de la dinastía Severa y en general a lo largo del siglo III es destacable el auge del cristianismo en la ciudad, mientras que en el panorama urbanístico se producen algunos aterrazamientos en la zona de extramuros, cerca del río Huerva, el mantenimiento de la muralla y el reaprovechamiento arquitectónico por la ruina de algunos edificios, debido, sobre todo, al hecho de que Aragón es una zona deficitaria en piedra de construcción, por lo que, de manera general, en todas las épocas los grandes sillares, mármoles, etc., de las construcciones romanas serán utilizados en nuevos edificios.

En la época tardorromana (284-408), las reformas de la organización provincial llevada a cabo por Diocleciano, Constantino y sus sucesores trajeron consigo que, aunque Caesar Augusta siguió perteneciendo a la provincia Tarraconense (ésta había sido dividida en tres, Gallaecia, Carthaginensis y Tarraconensis), desaparecieron los conventus iuridici, de manera que Caesar Augusta dejó de ser capital de una de estas circunscripciones administrativas.  Militarmente, la ciudad siguió sin tener soldados estacionados en la misma, de manera que en caso de ataque la ciudad debería defenderse con la milicia local, en especial por los collegia iuvenum (agrupaciones de jóvenes) entrenados por soldados veteranos.

 

 

 

 

 

Fuentes:

- FATÁS CABEZA, Guillermo y BELTRÁN LLORIS, Miguel: Historia de Zaragoza 1: Salduie, ciudad ibérica, Zaragoza, 1997

- BELTRÁN LLORIS, Miguel y FATÁS CABEZA, Guillermo: Historia de Zaragoza 2: César Augusta, ciudad romana, Zaragoza, 1998

- ESCRIBANO PAÑO, M.ª Victoria: Historia de Zaragoza 3: Zaragoza en la Antigüedad tardía (285-714), Zaragoza, 1998