LA FLOTA ROMANA

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A pesar de que Roma dista poco del mar y en su expansión por Italia, Europa, Asia y África encerraron un mar –el mare Nostrum que le llamaban-, los romanos se mantuvieron como un ejército terrestre y con proyección hacia la tierra y el interior y, aunque recurrieron a la construcción y el mantenimiento de una flota, ello no supuso ni un avance respecto de las flotas griegas, helenísticas y cartaginesas ni un progreso en el arte de la navegación y de la guerra naval; en gran medida, la flota y la marina fueron una carga para los romanos.

Quizás una de las razones fuera que las batallas navales eran en gran parte una batalla terrestre sobre la cubierta de los barcos y sólo las maniobras para hundir y no ser hundidos haciendo chocar las proas reforzadas con espolones metálicos era lo que diferenciaba unas batallas de las otras.

 

 

 

Hasta la 1.ª Guerra Púnica en el siglo III a. C., tras la guerra contra el rey Pirro, no existirá como tal una flota romana; hay noticias anteriores de la actividad de algún barco de guerra romano, pero hasta entonces ni formaban una flota ni su existencia era regular y permanente.  Como modelo de su flota tomarán un quinqueremis –barco con cinco filas de remeros a cada lado- cartaginés encallado en las costas itálicas en el 261 a. C.  Con todo, tras su victoria sobre los cartagineses, al quedarse sin enemigos marítimos y con el control de todas las orillas del mare Nostrum para los romanos dejó de ser una necesidad el tener una flota permanente.    La flota construida para esta Guerra Púnica constaba de 100 quinqueremes y 20 triremes –barco con tres filas de remeros a cada lado-.

Ello no quita que en momentos puntuales del final de la República hubiera enfrentamientos navales: dirimieron sus diferencias en ocasiones con batallas navales Cneo Pompeyo contra los cilicios de Asia Menor, Cneo Pompeyo contra Julio César, Octavio Augusto contra Sexto Pompeyo y Octavio Augusto contra Marco Antonio en la batalla de Actium.

 

Reconstrucción de un birreme de los mandados construir por Cneo Pompeyo para luchar contra los piratas del Mediterráneo, procedente de AA. VV.: Atlas ilustrado de la Antigua Roma: de los orígenes a la caída del imperio, Madrid, 2002

 

 

 

La organización de la flota era la siguiente: había un jefe de las tropas y de la flota, el prefecto de la flota –praefectus classis-; en ocasiones se elegían dos magistrados -duoviri navales- en los comicios tribales –comitia tributa-, pero se ignora su función en la marina; en cada navío hay un capitán –magister navis-, un piloto –gubernator- y decuriones que organizaban el equipamiento de la nave.  En los puertos militares como Ostia, cerca de Roma, había magistrados encargados de administrarlos, los questores de la flota -quaestores classici-.

Cada nave estaba equipada con remeros –remiges- que eran esclavos; marineros –nautae- que Roma reclutaba entre los proletarios, libertos o aliados marítimos –estos últimos llamados socii navales y a los que Roma no dudaba en confiar sus barcos-; soldados de infantería de marina –classiarii- que hacían los combates en las cubiertas de los barcos y que podían ser extranjeros y libertos, e incluso en ocasiones esclavos.

 

 

 

Las naves de guerra en general reciben el nombre de naves longae –naves largas- en oposición a las naves comerciales más redonda y con menos eslora, pero más pesadas –oneraria naves-.  Aunque todos los barcos contaban con velas, la fuerza motriz también se basaba en los remeros y en función del número de estos se clasificaban las naves: biremis, triremis, quadremis o quinqueremis según tuvieran dos, tres, cuatro o cinco filas de remeros por lado; las triremis y las quinqueremis eran las más frecuentes.  Son barcos de poca caladura, es decir, apenas hay parte del barco por debajo del agua, con poco tonelaje –casi nunca superior a 200 toneladas-.  Un quinqueremis contaba con 300 remiges, 120 classiarii y un número indeterminado de nautae.

 

Reconstrucción de un trirreme procedente del Museum of Classical Archaeology de Cambridge (Reino Unido).  (Foto:  Roberto Lérida Lafarga 24/7/2007)

 

 

 

Con Octavio Augusto y el imperio se creó una flota permanente, en un principio como policía naval para proteger los navíos de abastecimiento de los piratas, ya que el Mediterráneo estaba pacificado.  La flota imperial se dividía en 8 escuadras y 3 flotillas.

 

 

 

 

 

 

FUENTES:

- CONNOLLY, Peter: Greece and Rome at War, Londres, 2006

- HACQUARD, Georges: Guía de la Roma Antigua, Madrid, 2003

 

 

WebQuest: Playmobil y el Ejército Romano