COMUNICACIONES MARÍTIMAS

 

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Las vías de comunicación marítimas eran preferibles a las vías terrestres por la rapidez de las comunicaciones; en general, la navegación era de cabotaje, es decir, manteniendo siempre la costa a la vista, por lo que en caso de mal tiempo o temporal, siempre podían regresar a puerto; debido a la escasa caladura de los barcos de esta época no hacían falta grandes construcciones portuarias, sino modestos puertos y en ocasiones playas donde encallar y amarrar la flota.  Con todo, la navegación en invierno no solía producirse por las condiciones climáticas ni con determinados vientos en otras estaciones.

 

 

 

Otros peligros adicionales acechaban a los barcos: los naufragios, porque los rescatados con vida solían ser convertidos en esclavos, y los piratas que asaltaban las naves para hacerse con pingües botines, además de la superstición de morir en la mar sin sepultura, algo no deseable por los antiguos romanos.  Sabemos que uno de los primeros y mayores éxitos de Cneo Pompeyo fue limpiar el Mediterráneo oriental de piratas, si bien en época de Augusto y en tiempos posteriores su actividad fue muy frecuente.

 

 

 

En ocasiones las vías marítimas suplían las vías terrestres; conocemos el caso de que en el norte de África, en Mauritania, no había una vía que comunicara Pontus Magnus (hoy Arzeu, cerca de Orán, en el norte de Argelia) con Tingis (la actual Tánger, en el norte de Marruecos cerca de Ceuta), ambas a orillas del Mediterráneo.

 

 

 

Para la marina mercante el tipo de barco utilizado recibe el nombre de naves onerariae –“naves de carga”-, más redondas, grandes y anchas que las naves longae, las naves de guerra, y que funcionan más por el impulso del viento que por la fuerza motriz de una tripulación de remeros.

 

 

 

La velocidad era muy superior al avance por las calzadas romanas.  Con viento favorable una de estas naves podía alcanzar 5 nudos por hora, es decir, 9 kms.; sobre estos cálculos y por noticias antiguas sabemos que el viaje desde Tarraco (Tarragona) y Ostia (el puerto de Roma, a 5 kms. de ésta) duraba unos 4 días; de Cartago (en la actual Túnez) a Gades (Cádiz) 7 días; de Alejandría (en Egipto) a Ostia 18 días -en condiciones muy favorables 9 días-.  L. A. Hamey y J. A.Hamey nos ofrecen dos ejemplos de distancias y tiempos de viajes documentados en la Antigüedad.

 

Fecha del viaje

Duración y detalles del mismo

31 d. C.

Correo imperial de Roma a Antioquia (Asia Menor) por mar con mal tiempo: 2.500 kms. en 3 meses.

68 d. C.

Correo imperial de Roma a Alejandría (Egipto) por mar: 2.000 kms. en 28 días o menos.

 

 

 

En época imperial se reactivó el interés por las vías marítimas y se acometen grandes obras: Calígula y Nerón intentaron hacer un canal en el istmo de Corinto; Trajano volvió a poner en funcionamiento el canal de los Faraones que comunicaba el Mediterráneo con el Mar Rojo a través del Nilo.  Los principales puertos y las costas peligrosas contaron con faros para guiar la navegación y la entrada en los puertos; hoy en día sólo pervive un faro romano, la Torre de Hércules, en La Coruña.

 

Torre de Hércules (La Coruña).  Es el único faro romano que todavía se conserva, se mantiene en pie y se mantiene en uso.  (Foto: Ana Isabel Cansado García 10/11/2003)

 

 

 

 

 

FUENTES:

- HACQUARD, Georges: Guía de la Roma Antigua, Madrid, 2003

- HAMEY, L. A. y HAMEY, J. A.: Los ingenieros romanos, Madrid, 1990