DEPÓSITOS Y CISTERNAS

 

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Una forma primitiva de obtener agua era su almacenamiento; antes de la construcción de los acueductos, los romanos obtenían el agua del Tíber, de la lluvia o de pozos, de manera que solía escasear en verano.  Así, el almacenamiento del agua fue fundamental en los primeros momentos de la ciudad y también en muchas ciudades del imperio a las que tardó en llegar o nunca llegó un sistema de traída de aguas por acueductos.

Las viviendas privadas primitivas solían tener una única habitación ennegrecida por el humo, denominada atrium, “habitación negra”; su tejado se inclinaba hacia en interior, de manera que el agua de lluvia caía dentro y se recogía en una cubeta; cuando las casas evolucionaron y la riqueza lo permitió, se crearon nuevas estancias, separándose la cocina de las demás habitaciones, pero se mantuvo en el centro la cubeta de almacenamiento del agua de lluvia, que pasó a ser una pequeña piscina en un patio aporticado de las casas; así, las casas se organizaron en torno al atrio, con un compluvium, la abertura del patio en el centro de la casa por donde entraba la luz y el agua de lluvia, debajo del cual estaba el impluvium, la piscina para recoger el agua en un tamaño proporcional al compluvio.  El impluvio se decoraba con mármol o mosaico que había que limpiar y fregar con frecuencia para evitar la acumulación de impurezas, musgos, etc.  Era frecuente que el impluvio tuviera un orificio de desagüe a cierta altura para evitar que se desbordara.

Impluvium en la domus de las Antas de Glanum (Provenza, Francia)

(Foto:  Roberto Lérida Lafarga 8/8/2007)

Impluvium en la domus del Delfín de Vasio (hoy Vaison la Romaine, Provenza, Francia)

(Foto:  Roberto Lérida Lafarga 6/8/2007)

Otro tipo de almacenamiento de agua, a mayor nivel y tamaño, eran las cisternas, bien para uso privado, bien para uso común.  En las de uso privado, normalmente solía recoger el agua sobrante del impluvio de una casa y su capacidad no pasaba de de algunas decenas de metros cúbicos.  En el caso de las reservas públicas se construyeron a lo largo del imperio depósitos de gran capacidad que se llenaban con las aguas de lluvia y en ocasiones con aguas de canales o acueductos.  Los grandes espectáculos romanos, teatros, circos y anfiteatros, producían parte del agua que necesitaban para su mantenimiento, sus fuentes y el placer de los espectadores recuperando el agua gracias a la pendiente de los graderíos e instalando un depósito al final de los mismos; así, en Pompeya la orchestra del teatro tenía un depósito para 7.000 litros de agua y en el teatro de Orange había un depósito en el ángulo del escenario.

Un problema permanente en el agua era su pureza y con las cisternas el mejor método de limpieza era la decantación; aunque estaban provistas de rastrillos y rejas que impedían el paso de los residuos de mayor tamaño.  La tierra y la arena servían de filtros para purificar el agua, pero no eran suficientes, de ahí que las cisternas estaban divididas en canales –la piscina Mirabilis de Miseno tenía cinco naves longitudinales y trece transversales-, de manera que el agua iba pasando de unos a otros, especialmente a uno central de mayor profundidad, y así las impurezas se iban quedando en los demás canales y salía ya el agua perfectamente filtrada.  En cuanto al tamaño algunas de estas cisternas eran colosales; en Roma, una de sus cisternas, que hoy recibe el nombre de Sette Sale, medía 56 metros de largo por 42 de ancho; la de Constantinopla, hoy llamada Yerebatan Sarayi, medía 140 metros de largo por 70 de ancho y su techumbre está sostenida por 336 columnas con capiteles corintios y profusa decoración, como cabezas de medusa reutilizadas como base de columna.

Detalles de las cisternas Yerebatan Sarayi de Estambul

(Fotos: Roberto Lérida Lafarga 26/9/1992).

Arquitectónicamente estas grandes cisternas eran un reto para los ingenieros romanos, pues en su construcción debían tener en cuenta un factor adicional: la presión del agua en sus elementos constructivos, al tiempo que tenían que tener en cuenta la construcción de canales de decantación y luchar contra lo perniciosa que suele ser la acción del agua sobre cualquier tipo de construcción, por lo que la impermeabilización de la obra resultaba vital.  Independientemente de cómo fuese la construcción, las paredes y el suelo se recubrían con una gruesa capa de opus signinum, es decir, de un mortero rojo impermeabilizante al mezclar la cal con arena de tejas.

Cisterna de las Termas de Caracalla (Roma)

(Foto:  Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

Por último, las cisternas podían ser de tres tipos: 1.º cisternas con bóvedas sostenidas por columnas, siendo las más espectaculares, como la Yerebatan Sarayi de Constantinopla, que normalmente recibían el agua de acueductos y en ellas se formaba un sistema de decantación; 2.º cisternas con bóvedas sin columnas formando una única nave con gruesos muros que sostienen la bóveda, más largas que anchas, y que no podían recibir gran cantidad de agua; y 3.º cisternas formadas por la yuxtaposición de cisternas del tipo 2.º con naves de gruesos muros, con frecuencia escalonadas para permitir la decantación; tenían la ventaja de que no había que vaciarlas del todo para limpiar los limos y depósitos de residuos, cosa que no ocurría en los modelos 1.º y 2.º; es un modelo muy utilizado (Cartago, Capri, Sette Sale en Roma, etc.).

No obstante, con el avance de las obras hidráulicas, en las presas y embalses romanos, en los acueductos y en la llegada del agua a las ciudades era frecuente y necesario que los specus desaguaran en depósitos para su distribución urbana; son los castella, cisternas de repartición desde las que el agua iniciaba un nuevo recorrido.  Se conocen la de Pompeya y la Nîmes, en Francia.  El castellum de Nîmes es una cisterna de la que, como dice Malissard “los muros han desaparecido por completo; sólo subsisten, en medio de las casas de la Rue de la Lampèze, la cisterna del castellum y sus dependencias.  Protegidos por rejas y a veces cubiertos de hierbajos, esos restos sólo parecen estar ahí para ofrecer al visitante obstinado, que los busca y encuentra, el plano casi perfecto de una torre de distribución” (suscribo las palabras, pues sufrí una odisea para encontrarlo).  La cisterna circular de 1 metro de profundidad recibe el agua por un conducto rectangular de 1,20 metros y se dividía en 10 tuberías de 0,40 metros cada una provistas de unas rejillas que frenarían el paso a las impurezas de mayor tamaño.

Detalles del castellum de Nîmes donde se puede comprobar arriba el specus de entrada de agua del acueducto del Pont du Gard y abajo las salidas circulares de distribución del agua por la ciudad.  (Fotos:  Roberto Lérida Lafarga 14/8/2007)

 

 

FUENTES:

- MALISSARD, Alain: Los romanos y el agua: La cultura del agua en la Roma antigua, Barcelona, 1996

- BELTRÁN LLORIS, Miguel: “El agua profana en la cuenca media del valle del Ebro:  AQUA DUCTA.  La captación del agua, presas, embalses, conducciones”, en AA. VV.: Aquaria: Agua, territorio y paisaje en Aragón, Zaragoza, 2006

- CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998