CANALIZACIONES

 

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Llegada el agua a la ciudad era necesario distribuirla desde el castellum hasta las fuentes, las domus, las termas, etc. Estas canalizaciones, tuberías o cañerías podían ser tubuli de madera o arcilla o fistulae de plomo.

Los tubuli de madera eran poco frecuentes y se usaban sobre todo en zonas de montaña o boscosas; eran pequeños troncos seccionados, empalmados con mandriles metálicos en los que se despejaba un canalillo por donde circulaba el agua.

Los tubuli de arcilla eran cañerías de barro –terracota roja, por ejemplo- de entre 16 y 20 centímetros de diámetro y con un grosor de unos 3,6 centímetros.  Una longitud media de cada tubulus podía estar entre 50 y 70 cms.  El material era de uso muy frecuente entre los romanos –era con lo que se hacían las recipientes de cocina y en general todas las vajillerías-, de ahí que las cañerías de arcilla fueran bien apreciadas; además, la materia prima era barata, la fabricación sencilla y no requería un personal especializado para su mantenimiento, al tiempo que resultaban más seguras y preservaban el sabor del agua.

 

 

 

Lo contrario ocurría con las fistulae de plomo.  Ya desde la antigüedad se conocía el carácter nocivo del plomo que provocó a lo largo de la historia de Roma patologías manifiestas –entre ellas quizás las de algún que otro emperador- e intoxicaciones y enfermedades en los mineros y trabajadores del plomo, así como en todos aquellos que usaban con mucha frecuencia el plomo –por las cañerías y los utensilios de cocina.  No obstante, el plomo resulta perjudicial sobre todo al aire libre, por lo que las cañerías de plomo, si estaban soterradas no debían de ser tan nocivas como se pensaba.  Estas fistulae de plomo se hacían mediante planchas de plomo de entre 5 y 15 milímetros de grosor y de una largura de unos 2,90 metros que se curvaban gracias a un mandril de bronce calentado a golpe de martillo y con pestañas de arcilla; luego se soldaban los extremos de la lámina haciendo correr plomo líquido por las pestañas de arcilla; por último se ensamblaban los tubos con manguitos cortos soldados en ambos extremos, lográndose así una hermeticidad casi perfecta con escasos riesgos de ruptura en su uso normal. 

 

Trabajador sellando una fistula de plomo, procedente de los paneles explicativos del Museo del Foro de Cesaraugusta.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/04/2008)

 

Trabajadores curvando una lámina de plomo para hacer una fistula, dibujo procedente de los paneles explicativos del Museo del Foro de Cesaraugusta. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/04/2008)

 

 

 

El calibre de las cañerías se establecía en función del caudal de agua que por ellas pasaba; su grosor se medía en cuadrantes, es decir, cuartos de pulgadas (0,4625 centímetros), siendo las medidas normalmente entre tubos de 5 cuadrantes –llamados quinaria (2,3125 centímetros)- hasta tubos de 15 cuadrantes (6,9375 centímetros) para una distribución menor de agua, e incluso de calibre mayor para la distribución de agua a mayor escala, la vicenaria -20 cuadrantes (9,35 centímetros)- y la centenaria -100 cuadrantes (46,25 centímetros).  Para fabricar estas fistulae sí se requería un trabajo especializado, por lo que su fabricante solía dejar su impronta con el nombre del dueño de la cañería, si era un particular, o el nombre del emperador o de alguna colectividad; también podía aparecer el nombre del fabricante, el nombre del administrador de la obra, el del monumento –si estaban dedicado a alguna obra pública.  En una cañería de Pompeya de época de Adriano (CIL 15, 7309) puede leerse: Imp[eratoris] Caes[aris] Trai[ani] Hadriani Aug[usti] sub cura Petroni Surae proc[uratoris] Martialis ser[vus] fecit (traducción “(Propiedad del) emperador César Trajano Adriano Augusto, bajo la responsabilidad del procurador Petronio Sura, la hizo el esclavo Marcial”).

 

Fistulae de plomo procedentes de Vasio (hoy Vaison la Romaine, Provenza, Francia)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 6/8/2007)

 

 

 

En Aragón, podemos indicar que del puente-acueducto romano de Caesar Augusta, destruido y sustituido en la Edad Media por el actual Puente de Piedra, se recuperaron una serie de fistulae de plomo que se conservan en el Museo del Foro de Cesaraugusta.  El acueducto que suministraba agua a la ciudad de Caesar Augusta traía agua desde el antiguo río Gallicum –actual Gállego-.

 

Detalle de una tubería de plomo del puente-acueducto de Caesar Augusta con inscripción numérica: CCCLXXXV.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/04/2008)

 

Tuberías de plomo del puente-acueducto de Caesar Augusta. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/04/2008)

 

 

FUENTES:

- MALISSARD, Alain: Los romanos y el agua: La cultura del agua en la Roma antigua, Barcelona, 1996

- BELTRÁN LLORIS, Miguel: “El agua profana en la cuenca media del valle del Ebro:  AQUA DUCTA.  La captación del agua, presas, embalses, conducciones”, en AA. VV.: Aquaria: Agua, territorio y paisaje en Aragón, Zaragoza, 2006

- CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998