ANFITEATRO

 

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Hasta Julio César, las luchas de gladiadores se realizaban en el Circo Máximo, en espacios públicos abiertos como el Foro Romano o en recintos de madera provisionales levantados ex professo y que al día siguiente se desmontaban.  En el año 52 a. C. Curio el Joven, que financiaba los gastos de César, mandó construir dos espaciosos teatros de madera, uniendo los dos hemiciclos por sus extremos; formaban así un óvalo; el sistema triunfó y; César en el año 46 a. C., para celebrar su cuarto triunfo como general, adoptó el sistema, pero fue su hijo adoptivo, Octavio Augusto el que ordenó construir el primer edificio de estas características en piedra y acuñar la palabra, llamando al nuevo edificio amphitheatrum –anfiteatro, literalmente “dos teatros”-. 

 

 

 

Así pues, el anfiteatro más antiguo data del 29 a. C:, construido por C. Statilio Tauro, pariente de Augusto, situado en el Campo de Marte y destruido el incendio de Roma en el 64 d. C. bajo el mandato de Nerón.  Augusto añadió un edificio destinado para albergar batallas navales –naumachiae-, cuya elipse con ejes de 556 y 537 metros respectivamente rodeaba una laguna de agua en cuyo centro había una isla artificial.  La superficie de esta naumaquia era el triple de la que luego tendrá el Coliseo.

La dinastía Flavia decidió reemplazarlo y ordenó construir uno de forma similar, pero de tamaño mucho mayor; Vespasiano lo comenzó en el 70 d. C., Tito acabó su estructura en el año 80 d. C., inaugurándolo, y Domiciano terminó la decoración en el 86 d. C.  El anfiteatro Flavio se encuentra en la depresión entre las colinas de Celio, el Esquilino y el Velio –Nerón había ordenado drenar esta depresión pantanosa para construir el estanque (stagnum Neronis) en su palacio, la Domus Aurea- y se encontraba cerca de una estatua del Coloso del Sol mandada construir por Nerón, de donde recibe el nombre por el que es más conocido: Colosseum, el Coliseo.  A grandes rasgos está bien conservado, si bien de su exterior sólo se conserva aproximadamente la mitad.

 

(Foto: Javier J. Boix Feced 01/08/2005)

 

 

 

El Coliseo fue construido en diversos materiales: opus caementicium, es decir, hormigón en los cimientos de 12 metros de profundidad y en las bóvedas; ladrillos para contener este opus caementicium; mármol travertino en los pilares de carga; y toba calcárea compacta en las paredes radiales en bloques extraídos de la cantera Abula, cercana a Tibur (hoy Tívoli), a unos 5 kms. de Roma; para trasladarlos se abrió ex professo una carretera de 6 metros de anchura.  Los ejes del Coliseo miden 188 y 156 metros respectivamente, formando un óvalo de 527 metros de diámetro, con uno muros de 57 metros de altura, en cuatro alturas.  Su forma externa copia la rotonda exterior del Teatro de Marcelo

 

En la imagen pueden verse los distintos materiales de construcción.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

 

En los tres primeros pisos se superponen tres filas de arcos, con pilastras en estilo dórico, jónico y corintio respectivamente, con estatuas en el segundo y tercer piso, mientras que el cuarto piso está compuesto de muro macizo dividió en compartimentos por la alternancia de pilastras de molduras lisas; además, en este piso había 240 ménsulas para apoyar unos mástiles que permitían extender unos grandes toldos –velarium- para guarecer a los gladiadores y al público del sol; para mover estos toldos se traían hasta 1.000 marineros del puerto de Misena y Rávena.  A cuatro metros de altura de la zona donde luchaban los gladiadores –arena- comenzaba el graderío –cavea- con una plataforma –podium- protegida por una balaustrada de bronce sobre la que se colocaban los asientos de mármol de los privilegiados.  Por encima estaban las cuatro series de gradas –maeniana-: la primera –maenianum primum, con 20 filas de espectadores- estaba separada del podium y de la segunda –maenianum secundum imum con 15 filas de espectadores- por un doble cinturón de corredores circulares a la misma altura y bordeados de pequeños muros –praecinctiones-; cada sección de gradas –cuneus, “en forma de cuña”- estaba dividía por pasillos en rampa que “vomitaban” al público en el interior del edificio –vomitoria-; entre la segunda y la tercera sección de la grada –maenianum secundum summum- había un muro de 5 metros abierto con puertas y ventanas; bajo la terraza que lo unía con la muralla exterior se sentaban las mujeres y sobre ella se sentaban los habitantes de paso en la ciudad y los esclavos; por último, sobre vigas estaba la cuarta sección del graderío construido en madera –maenianum summum in ligneis-.  En una de las puertas importantes del eje corto se ha conservado bastante bien la decoración de estuco de la parte superior de los muros.  Para circular por el interior del Coliseo se organizó una serie de galerías a distintas alturas que comunicaban  las entradas con las gradas y unos pisos con otros mediante escaleras.

 

Planta y sección del Coliseo, según CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998.

 

Gracias a la imagen puede calcularse el grosor de los pilares del edificio. 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

 

Reconstrucción del interior del Coliseo, según CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998.

 

Sección del interior del Coliseo: graderío y galerías interiores, según CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998.

 

 

 

La pista del Coliseo –la arena- no ha sobrevivido, pero sí parte del laberinto de pasadizos y galerías subterráneos, montacargas y 32 cámaras para animales que bajo ella existían, excavados a 6 metros de profundidad.  A este subterráneo se accedía desde un pasadizo desde el ludus magnus, donde vivían y se entrenaban los gladiadores, desde el palco del emperador o desde el palco de los cónsules.  En el anfiteatro de Capua Vetere, en Campania, Italia, los pasadizos subterráneos y los sistemas de montacargas y trampas todavía sobreviven.

 

Vista de la arena y de los subterráneos del Coliseo

(Foto: Javier J. Boix Feced 01/08/2005)

 

Detalle de los pasadizos y galerías subterráneos, así como de las cámaras para los animales.

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

 

 

 

Los Regionarios estimaron en el siglo IV que el Coliseo albergaba a 87.000 loca, para unos 45.000 espectadores sentados y 5.000 de pie; quizás más, hasta un total de 55.000 espectadores.  Para distribuir al público se ingenió un método de numeración: cada piso tenía 70 arcos, numerados del I al LXVI, excepto los cuatro arcos que correspondían a la prolongación de los ejes del óvalo del anfiteatro.  Así, el espectador sólo tenía que dirigirse a la entrada indicada y después al maenianum por el pasillo que también se le especificaba en la entrada.  Las mejores localidades estaban en los dos extremos del eje corto del óvalo, donde estaba el palco del emperador y su familia al norte y el del pretor y otros magistrados al sur.  No obstante, desde todas las localidades se podía seguir bastante bien las luchas.  En la entrada principal había una profusa decoración.

 

Vista del interior del Coliseo, donde se puede apreciar su altura y las distintas secciones del graderío.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

 

Decoración de la puerta principal, según CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998.

 

 

 

La arena tenía unos ejes de 86 y 54 metros respectivamente (según otros 75 y 44 metros) -36 áreas de superficie-, y estaba rodeada de una alambrada metálica a cuatro metros de la base del podium para evitar que animales salvajes llegaran con sus saltos al público.  Los animales permanecían enjaulados debajo de la arena, saliendo a ella en muchas ocasiones a través de montacargas, mientras los gladiadores entraban por una de las arcadas del eje mayor.  El subsuelo también podía ser inundado para permitir naumaquias en el Coliseo.

El Coliseo fue dañado ya en época romana por rayos, desastres naturales y terremotos; sin embargo, cuando ya estaba en desuso comenzó a sufrir el pillaje de sus ruinas, usadas como materiales de construcción sobre todo por otro terremoto en el siglo IX; en el siglo XVII fue santificado por el derramamiento de sangre de mártires cristianos y básicamente ya no sufrió más desperfectos.

 

Detalle de las galerías interiores, visibles desde el exterior gracias a la destrucción parcial del edificio.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 29/12/2004)

 

 

Reconstrucciones del interior del subterráneo bajo la arena del Coliseo con detalle del uso del montacargas para sacar a los animales a la pista desde sus cámaras, según CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998.

 

 

 

Trajano, ante el auge y éxito de las luchas de gladiadores y de las naumaquias construyó un segundo anfiteatro, el amphitheatrum Castrense y una naumaquia bajo la colina del Vaticano, la naumachia Vaticana, cerca de lo que sería el Mausoleo de Adriano –actual Castillo Sant’ Angelo-.

 

 

 

Los romanos construyeron numerosos anfiteatros a lo largo y ancho de su imperio, sobre todo en Occidente.  Hoy en día destacan por su buen estado de conservación y por su uso como escenario de espectáculos e incluso corridas de toros (en el sur de Francia) los de Verona, Nîmes, Arlés, etc.

 

Fachada del anfiteatro de Arelate (Arlés, Provenza, Francia). 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 10/08/2007)

 

Arena y gradas del anfiteatro de Arelate (Arlés, Provenza, Francia). 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 10/08/2007)

 

Fachada del anfiteatro de Nemausus (Nîmes, Provenza, Francia). 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 14/08/2007)

 

Arena y gradas del anfiteatro de Nemausus (Nîmes, Provenza, Francia). 

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 14/08/2007)

 

 

 

En Hispania están conservados los anfiteatros de Itálica (Santiponce, Sevilla), Emerita Augusta (Mérida), Segóbriga (cerca de Saelices, Cuenca) y Tarraco (Tarragona).  Por ejemplo, el anfiteatro de Segóbriga tiene un eje largo de 75 metros y una arena de 1.100 metros cuadrados; albergaba a unas 5.000 personas y tenía una construcción mixta, ya que parte del anfiteatro se excavó en la ladera de una colina y la otra parte fue levantada desde sus cimientos hasta una altura de 18 metros; pasadizos laterales y ovales que partían desde las puertas situadas al final del eje largo comunicaban una galería cubierta con las cámaras para los animales salvajes.

 

Eje largo del anfiteatro de Segóbriga.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 12/04/2005)

 

Anfiteatro de Segóbriga.  (Foto: Roberto Lérida Lafarga 12/04/2005)

 

 

 

Es probable que en Aragón sólo Caesar Augusta tuviera anfiteatro a las afueras de su recinto amurallado, en la zona del actual Paseo de la Independencia y de la calle Casa Jiménez.

 

 

 

 

 

FUENTES:

- CARCOPINO, Jerôme: La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Madrid, 1993

- CONNOLLY, Peter y DODGE, Hazel: La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998