ACUEDUCTOS

 

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En latín la palabra más habitual para denominar a un acueducto es aqua, seguida del nombre del que lo mandó construir; así tenemos en Roma el aqua Marcia, el aqua Appia, el aqua Claudia, etc.

La construcción de un acueducto requería un punto no muy elevado –para evitar las interrupciones de suministro en épocas de estío y sequía- ni muy bajo –para evitar el estancamiento por el barro arrastrado por la corriente-, al tiempo que, si el agua procedía de un embalse, se solía dejar reposar en algún depósito previamente y normalmente también cuando el agua llegaba a una ciudad (son los llamados en latín castellum).  Además, había que calcular, por un lado, que la pendiente fuera siempre la suficiente para permitir el avance del agua y no su estancamiento y, por otro, que la presión del agua fuera suficiente para ser soportada por la construcción sin desbordamientos.

Bien desde un embalse, bien por desviación de aguas de un río, cuando necesitaban llevar agua a las ciudades, los romanos construyeron canales cubiertos que llevaban el agua a lo largo del territorio (reciben el nombre de specus, que significa “gruta, sima o cavidad”); dentro de una ciudad o para traídas de aguas particulares o para cruzar un valle haciendo un sifón se usaban tuberías de plomo.

En ocasiones, estos canales estaban horadados sobre la propia piedra en la montaña. La construcción normal de un túnel de este tipo se hacía progresando hacia el interior y extrayendo los escombros conforme se avanzaba, por lo que las galerías que lo atravesaban debían ser suficientemente anchas y altas; así, la galería del túnel del aqua Claudia llegaba a los 2,3 metros de ancho.  También era frecuente que se construyera una galería elevada desde la que se excavaban pozos para llegar al nivel deseado; de esa manera, el túnel se excavaba por varios grupos de trabajo en distintos tramos y por los pozos evacuaban los escombros, resultando más rápido el trabajo.  La galería creada en la roca solía ser recubierta de mampuesto, a pesar de la impermeabilidad y dureza de la roca, para reforzar el canal y sobre todo controlar la pendiente del mismo.  Es el caso del acueducto entre Albarracín y Cella.

 

 

 

En otras ocasiones había que construir el specus por completo, con opus caementicium, creando un canal artificial y cubriéndolo con losetas de piedra para proteger el agua, quedando en cierto modo soterrado. 

Otras veces, con la construcción de un simple muro –substructio- o de unos arcos –opus arcuatum- como soportes se elevaba lo suficiente el specus para que el agua pudiera fluir sin problemas.

Sin embargo, cuando la orografía del terreno no permitía estas opciones era necesario construir acueductos (en palabras de Malissard “a la par con los anfiteatros, los acueductos son sin duda los monumentos más representativos del poderío y la permanencia de Roma.  Impresionantes por el número, la altura y la aparente solidez de sus arcos que aún se yerguen bajo todos los cielos, no constituyen, empero, sino la parte más llamativa y espectacular de un conjunto todavía más gigantesco” –el conjunto es el formado por todas las construcciones entorno al agua-).

 

Specus cubierto junto al castellum de Nîmes

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 14/8/2007)

 

 

 

Los ingenieros romanos no sólo tenían como reto salvar una depresión del terreno y realizar un canal elevado que permitiera trasvasar agua, sino que debían mantener a lo largo de todo el recorrido la suficiente y justa pendiente para el avance del agua; si la inclinación era excesiva, se corría el riesgo de que el agua desgastara y arrastrara la construcción, mientras que, si la pendiente era demasiado débil, se corría el riesgo de que el agua se estancara o facilitara el depósito de limos y barros que obstruyeran la conducción del agua.  Así, de manera general el principio físico de construcción y movimiento del agua del specus era la gravedad del agua y no su presión.  Por ello, adaptaban el acueducto y el canal a la naturaleza del terreno en la medida de lo posible. De esta manera, la inclinación de los acueductos varía de unos a otros e incluso dentro de un mismo acueducto y un mismo canal podemos encontrar distintas inclinaciones.  En caso de que el agua cogiera mucha fuerza, se construían curvas o sinuosidades que frenaban el agua, pequeños saltos de agua e incluso desvíos de agua a depósitos que reducían la fuerza del agua.

 

Vistas de los arcos de los acueductos Aqua Claudia y Aqua Anio Novus al sudeste de Roma (Foto procedente de CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

 

 

La construcción del acueducto-puente conllevaba otra dificultad añadida: el pandeo, es decir, una progresiva deformación lateral de los pilares que los sostenían, por o que de manera general eran reforzados con tirantes o riostras o se hacían más bajos o se superponían, de manera que se hacían acueductos de dos pisos, como los de Segovia, Tarragona, o de tres pisos, como el Aqua Claudia de Roma o el Pont du Gard (48,67 metros de altura).

 

Sección de los arcos y canales de los acueductos Aqua Claudia y Aqua Anio Novus (según CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

 

 

El specus de un acueducto era en un principio al aire libre, aunque pronto pasaron a ser cubiertos también; el cubrimiento, con losetas desplazables cada cierta distancia, conseguía que el canal no se taponara con residuos ni se evaporara demasiada agua en su fluir ni bebieran animales ni la gente la sacara; cuando al cabo de un tiempo el agua no avanzaba bien por la acumulación de barros, cañas, etc., se limpiaba el specus, vaciándolo, quitando alguna loseta y extrayendo las impurezas.  La hermeticidad del specus y la evitación de fugas de agua se lograban gracias al opus signinum, es decir, una argamasa roja de mortero que revestía el fondo y las paredes del specus con varias capas cada vez más finas.

 

Representación de los arcos de los acueductos Aqua Claudia y Aqua Anio Novus en el Fosso della Noce (Reconstrucción de CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998)

 

De manera general un specus alcanzaba suficiente altura para que un hombre pudiera caminar dentro de él, si bien las medidas variaban y dependían de las medidas del caudal de agua a transportar.  En el caso del Pont du Gard, entre Avignon y Nîmes, en la Provenza francesa, el specus alcanza 1,80 metros de altura por 1,30 de anchura.

 

Specus del Pont du Gard

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 7/8/2007)

 

 

 

Tamaño del specus del Pont du Gard

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 7/8/2007)

 

Specus excavado en la roca por donde llegaba el agua al acueducto del Pont du Gard

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 7/8/2007)

 

 

 

Hasta el final del siglo IV a. C. Roma sólo recibía agua de pozos, manantiales y lluvia; hacia el 312 a. C. se construyó el primer acueducto, el aqua Appia, mandado construir por el censor Apio Claudio; finalmente contó con 13 acueductos (al parecer, 10 grandes acueductos y 3 de menor importancia), de alguno de los cuales todavía son visibles sus restos; el más famoso era el aqua Virgo, pero se conocen los nombres de otros como aqua Appia, aqua Anio Vetus, aqua Marcia, aqua Repula, aqua Julia, aqua Alsietina, aqua Claudia, aqua Anio Novus, aqua Traiana, aqua Alexandrina, etc.  Si tenemos bastante información acerca del agua en Roma, se lo debemos a Frontino.  En tiempos de Augusto, Agripa dirigió la cura aquarum –“el cuidado de las aguas”, es decir, un departamento que se ocupaba del mantenimiento y funcionamiento de las infraestructuras relativas a los acueductos de Roma; en tiempos del emperador Nerva se ocupó de este cargo Frontino, que escribió un libro, De aquis urbis RomaeSobre las aguas de la ciudad de Roma-, en el que detalla asuntos históricos y descripciones de los acueductos, el aprovisionamiento del agua, los problemas de mantenimiento, aspectos legales e incluso cuestiones de corrupción política.

     

Aqua Claudia, el acueducto de Claudio en Roma, cerca del Coliseo

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 28/12/2004)

 

Recorrido del Aqua Claudia por Roma, cerca del Coliseo (Foto de G. Rinaldi, procedente de GABUCCI, Ada: Guía a la Roma antigua, Roma, 2000)

 

 

 

Sin embargo, probablemente el más famoso y más visitado por los turistas, entre otras cosas por su grandiosidad y su magnífico estado de conservación es el Pont du Gard, en la Provenza francesa.  El puente sobre el valle del río Gardon tiene 275 metros, aunque el specus completo que llevaba las aguas desde unos manantiales cerca de Uzès a Nîmes se extendía unos 50 kms.  Se calcula que diariamente fluían por el acueducto unos 20.000.000 litros, sostenidos por una construcción de sillares de hasta 6 toneladas.

 

 

Acueducto-puente del Pont du Gard (Francia)

(Foto: Roberto Lérida Lafarga 7/8/2007)

 

 

 

 

 

FUENTES:

- MALISSARD, Alain: Los romanos y el agua: La cultura del agua en la Roma antigua, Barcelona, 1996

- BELTRÁN LLORIS, Miguel: “El agua profana en la cuenca media del valle del Ebro:  AQUA DUCTA.  La captación del agua, presas, embalses, conducciones”, en AA. VV.: Aquaria: Agua, territorio y paisaje en Aragón, Zaragoza, 2006

- CONNOLLY, P. y DODGE, H., La Ciudad Antigua.  La vida en la Atenas y Roma clásicas, Madrid, 1998